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lunes, 12 de diciembre de 2022

"VI Jornades de Poesia i Il-lustració", en Alacante. Audio do acto e texto de Nieves García García.

Cesáreo Martín de Vega presenta o acto


Foi un acto fermoso, moi fermoso. Estaba encadrado dentro das “VI Jornades de Poesia i Il-lustració” que se celebraron ao longo do mes de novembro na Biblioteca Azorín, de Alacante.

 

     Cun gran traballo de Cesáreo Martín de Vega, estas xornadas acadaron unha brillantez extraordinaria.

     Un xoves de novembro tivo lugar un acto ao que fomos convidados Juan Carlos Martín Ramos e mais eu para falar de poesía, de Versos e viceversos e do que se referise á lírica nas escolas e fóra delas.

 

      O acto, presentado por Cesáreo, foi maxistralmente conducido pola prestixiosa poeta, nacida en Aspe, Nieves García García. Unha delicia.

 

Nieves García García conduce o acto

      Todo fluíu dun xeito case máxico. Conversa animada e chea de paixón pola palabra poética. Conversa trufada de poemas e de anécdotas que alegraron aos asistentes.

Non podía faltar para pechar, dende logo, a voz preciosa de Lurdes López que engaiolou o público, pola fermosura das cancións e a expresividade da interpretación. Juan Carlos coa guitarra e eu lendo algúns versos dos temas completamos unha actuación marabillosa desta muller que converte en arte todo o que toca.

 

Lurdes López en plena actuación

O acto foi gravado coas cancións incluídas, que podedes escoitar. Mais Versos e aloumiños non quixo perder a oportunidade de pedirlle á condutora do acto un texto sobre o acontecido.

Nieves García García, xenerosa como poucas, escribiu estas liñas que ides ler deseguido. Como todo o que fai, unha alfaia literaria.

Grazas a todos e a todas por participaren nunha xornada emotiva arredor da poesía nestes tempos de inmundicia.


Intervén Juan Carlos Martín Ramos



                  Diálogos de un triángulo poético casi equilátero

 

¿Se puede conocer a una persona sin llegar a conocerla en persona?     

Nieves García García
            Pues, ciertamente, sí, y esto sucede cuando las palabras vuelan por el aire y nos llegan en forma de poemas. Al menos, algo  así me ocurrió en los primeros tiempos de la pandemia cuando pararon todas las actividades culturales, tanto  en las escuelas, como en los cines, los teatros… Incluso las bibliotecas cerraron. Pero nos quedaban los clubs de literatura a través de las redes sociales y ellos cumplieron las funciones que no se podía desempeñar con otros medios. Y así fue como comenzó a forjarse una entrañable amistad, gracias a una guarida muy lobuna,  entre gentes de distintas procedencias que tenían en común el amor a esas  palabras que alzan el vuelo para buscar un hueco en el corazón de los más pequeños. Y de los no tan pequeños, también.             

Gracias a la intervención  del  colectivo de literatura infantil y juvenil “¡Qué viene el lobo!”, junto con el apoyo de la biblioteca Azorín de Alicante y la editorial IGLÚ, se ha podido conseguir un sueño hecho realidad, que  converjan  un poeta del norte, otro del sur junto a una poeta del este, y se reunieran delante de una ventana junto al mar, tan solo pronunciando estas tres palabas mágicas: Versos y viceversos, un bellísimo poemario a dos voces que tiene como protagonistas a Antonio García Teijeiro y a Juan Carlos Martín Ramos.


            Y comenzamos este viaje poético haciendo una parada por estos dos poemas que, en mi opinión, dicen mucho de sus autores. Se trata de “El Vendedor de versos”,  de Antonio García Teijeiro,  y “El titiritero”, de Juan Carlos Martín Ramos. Dicen así:

            Con mil nubes de canela                           El titiritero tiene

            y tormentas de algodón                             dos manos pero mil voces

            pienso un verso                                          una vida pero mil

            escribo cuatro                                              cuentos que sólo él conoce….

            tacho mil y vendo dos…

                                                                                                                                             

            Alrededor de los mismos iniciamos una conversación a tres sobre la dificultad  de saber cuando un poema está completo y listo para volar  o se ha de quedar en la maleta hasta que al fin consiga sus alas, si es que las consigue. Se habló largo y tendido sobre la búsqueda de la sencillez, de las palabras justas con que expresarlo, pero sin confundirla con la simpleza. Y que los poemas dirigidos a la infancia han de acercarse a sus receptores desde el afecto, pero también desde la reflexión y la honestidad.

            Los tres coincidimos en que  nuestros poemas persiguen con cierto afán una melodía, una cadencia, que nos dirige hacia la musicalidad interna de las palabras. Y,  también, que somos hijos de la tradición oral, y haber  bebido de ella  les aporta a nuestros versos esa frescura tan necesaria en la poesía para niños. Aunque, más tarde o más temprano, cada uno debe de seguir ese camino que le lleve a encontrar su voz propia.  

            Sabemos que a veces cuesta abrir las puertas a la poesía en las escuelas porque se piensa  que  a los niños no les gusta. Pero nuestra experiencia como trasmisores de la palabra nos indica que no hay nada más erróneo, según nuestra unánime opinión. Si se trata de un poema tal y como hemos expresado con anterioridad, de seguro que les gustará, siempre que  venga acompañado de la emoción del adulto que lo trasmite. Por eso la importancia del mediador o mediadora en este proceso, comentaba Antonio (¿o era Juan Carlos?). Contar y cantar, leer en voz alta, jugar con los ritmos y las rimas, es un buen inicio para apropiarse del hecho poético, nos decía Juan Carlos (¿ o era Antonio?), en un dialogo mutuo difícil de separar los mensajes de estos dos poetas con un pensamiento tan claro y común sobre la importancia de la poesía en las primeras edades.

            A continuación, Juan Carlos nos invitó a jugar con un hermoso poema donde nos explica que la  poesía no es algo alejado de la vida sino que se suele dar  en la cotidianidad de nuestros quehaceres diarios. Solo se necesita poner la mirada en otra dirección. Antonio se dirigió a las maestras con una emotiva carta donde las animaba a recuperar las palabras en voz alta para conseguir que volvamos al disfrute de compartir emociones e imágenes a partir de las mismas, comenzando por las canciones de tradición oral para seguir de la mano de la poesía de autor.

            Y poco a poco llegamos hasta ese mundo poético compartido a dos voces como son  Versos y viceversos, donde el gran poeta Antonio Rubio les nombra malabaristas de versos y artesanos de la palabra. Un poemario que comienza, como no puede ser de otra manera, con un mar que   une todas las orillas, un mar de versos que une sus manos para un proyecto común .Un mar que acaricia, pintado en unos ojos,  y un mar cercano que se pasea por la casa del poeta. ¿Será la casa de Antonio? No me extrañaría, porque dialoga con él día sí y día también. Y me hablaron largo y tendido de ese mar, donde se asomaba otro poeta andaluz conocido y admirado por ambos, para después seguir  con esos sueños que se abren y otros mundos que se despiertan.

            Versos y viceversos de una misma maleta, donde Antonio escribe agujas y dedales para coser versos y recoger manantiales, mientras Juan Carlos escucha una caracola, que, cómo no, guarda todas las historias habidas y por haber. Y las suyas, también, contadas en muchas ocasiones a través de sus personajes con forma de muñecos de trapo y de cartón.

            Así, puntada a puntada, se va tejiendo ese constante intercambio de voz, donde también hablamos de ausencias, de los que se van y de aquellos que nos obligan a marcharnos. Y el dolor que nos acompaña. Cuánto dolor hay también en ese mar que tenemos frente a nosotros. Cuánto dolor en sus orillas. Y de eso también conversan los poetas. La poesía como compromiso social.

            Y llegó por fin la gran sorpresa de la noche: poder escuchar esos Versos y viceversos en la cálida voz de Lurdes, acompañada a la guitarra por Juan Carlos y el verso en galego de Antonio. Así que corté mi cuerda titiritera para disfrutar de este  gran regalo, sintiendo ese mar todavía más cercano, a uno y otro lado del ventanal. Y es que, como dice Juan Carlos (¿o será Antonio?), en casa del poeta, el mar  pasa por debajo de su puerta.

            Y cuando no está en casa el poeta…  canta un pájaro su ausencia.

                                                                                               Nieves García García









Antonio García Teijeiro diríxese ao público




E deseguido  pódese escoitar o acto completo neste vídeo.






miércoles, 9 de noviembre de 2022

UNHA FIN DE SEMANA ABRAIANTE ENTRE PACO IBÁÑEZ E JORDI SIERRA i FABRA

 

Con Paco Ibáñez e o libro Se falases de min


Foi unha fin de semana abraiante. Fixemos, iso si, 2.400 kms, ida e volta en coche.

Conduciu Xabier Romero, director de Editorial Elvira. Había un obxectivo principal: entregarlles a Paco Ibáñez e a Jordi Sierra i Fabra o meu novo libro Se falases de min.

Resultou unha aventura marabillosa. O venres agardábannos Paco e Julia na súa nova casa en Camallera (Girona).

 

Na casa de Julia e Paco

Sorprendeulles o libro. A súa edición recibiu mil parabéns. Notamos axiña a ledicia e o recoñecemento nas súas facianas. Deleitáronse coas pinturas de Xulio García Rivas e lendo algúns poemas díxome Paco: “Antonio, de aquí van saír unhas cancións”. Sei que o dixo de corazón, sentíndoo, pero non vai ser doado.

 

Julia e Paco follean o libro en presenza de Susi

Cantamos en galego fragmentos de Que ocorre na terra?, de Pomba e fixo especial fincapé nun tema que nos encanta aos dous: O vento dorme. Emocionouse cando lle lin “Palabras para…Paco”, un meu texto que figura no libro. Julia, tamén. 

Paco lendo Se falases de min


Gustáronlle, ademais, as palabras sobre a súa vida que Xabier escribiu no libro e que lle leu cun grande agarimo. Houbo aplausos, e a face de Paco era para desfrutar: tiña os ollos húmidos. Gabaron, e moito, a elegancia da edición “que fuxiu da vulgaridade” e cualificaron a Xabier de “valente” por atreverse a publicar un libro destas características. Chamamos a Xulio e tanto Paco como Julia felicitárono persoalmente a través do teléfono.

 

Xabier Romero le as palabras que escribiu na biografía no libro

Foi un xantar entrañable. Un xantar ateigado de luz, que nos fixo saír desa fermosa casa (aínda en recuperación) moito mellores do que eramos ao entrar. 



Paco, Julia, Antonio e Susi

Contounos que en Jaén, o día 28, cun público entregado (como ocorre sempre con el) cantou a Celso Emilio Ferreiro. Interpretou unha delicadísima canción, Chove, baseada nun poema do poeta celanovés e volveu referirnos a pena que lle quedou por non poderlla cantar a Moraima, a viuda do poeta, a quen lle presentamos nunha das súas visitas a Vigo. E non esqueceu salientar a importancia que Georges Brassens ten para el e recomendarnos que escoitásemos o cante jondo de El Chocolate.

Pódese pedir máis? Imposible.

  

Con Jordi Sierra i Fabra no seu cuarto de traballo en Barcelona

Ao día seguinte, quedamos co meu prezadísimo amigo Jordi Sierra i Fabra, unha persoa auténtica, creativa, xenerosa e moi interesante.

Tras dar unha volta por Monjuïc cos nosos grandes amigos Francesc Gómez e Margarita Cruells, fomos á Fundación que o escritor barcelonés  ten na cidade hai xa bastantes anos. 

En 

Susi e mais eu xa a coñeciamos, pero sempre é un pracer  visitala. Quen si quedou engaiolado foi o editor, Xabier Romero, a quen Jordi en persoa lle foi explicando a multitude de libros, de manuscritos das súas obras, de fotos, de obxectos varios que alí están expostos.


Vista do interior da Fundación Jordi Sierra i Fabra
 

Jordi é un verdadeiro personaxe, pero, ademais dun enorme escritor é, sobre todo, unha magnífica persoa.

Había xa ben anos que non estabamos xuntos (e con Antonia, a súa muller, aínda máis). Pero o agarimo, o respecto, a admiración mutua permanecen intactos.

Xantamos na súa casa e rimos, rimos moito coas súas ocorrencias e anécdotas sempre tan aqueladas e simpáticas. E meterse comigo xa forma parte do seu ritual. Eu gozo.

 

Jordi lendo e comentando o libro baixo a ollada risoña de Antonia

Entrar no seu domicilio resulta un verdadeiro luxo. Cheo dos seus libros, de cadros interesantes (Antonia é pintora), de figuras preciosas, de obxectos curiosos… sentímonos, unha vez máis, moi felices. Ao entrar no seu despacho, onde escribe cando non sobe a Vallirana, decote sentimos o espírito do grande escritor que é e o minucioso en todo o que fai.

 

Libros intercambiados

Mostrounos de novo uns exemplos de como é o seu proxecto literario. Dá gusto ver os seus guións trazados ao milímetro, máis ou menos extensos segundo a extensión da novela.

 

Na Fundación diante dun cadro que me engaiola

Agasallounos a Susi e a min os seus últimos libros -como fixo sempre- e volvemos cunha alfaia ben especial: o cómic dunha parte importante da súa vida, no que demostra a enorme humanidade que posúe. Debuxado por Carlos Moreno, cun guión seu e publicado pola Editorial Norma, El largo y tortuoso camino é un libro que hai que ler si ou si. Permítenos coñecer facetas da vida de Jordi ata ese intre descoñecidas.

 


Encantoulle Se falases de min, do que forma parte coa creación dunhas frases definitorias e moi enxeñosas dos músicos (homes e mulleres) que aluman a segunda parte do libro (Palabras envoltas en cancións).

Antonia e Jordi


Despois marchou ao Camp Nou (é un culé empedernido) mentres eu quedei na súa casa para ver como voaban rumbo a Pamplona os tres puntos do Celta-Osasuna.

Ao día seguinte, 1.200 kms. ata Vigo, pero cheos de felicidade tras vivir un marabilloso oasis de primeiros de novembro.


miércoles, 7 de octubre de 2020

LEMBRANZAS DUN CONFINAMENTO QUE COUTOU MOITAS ILUSIÓNS

 

Antonio G. Teijeiro (Foto de Ricardo Grobas)
                                                                                          

Aínda que unha segunda vaga de contaxios está a producirse, o confinamento vivido a partir do mes de marzo foi moi duro, tanto pola redución de actos e de afectos, coma da incerteza de cando podía rematar.

Antonio García Teijeiro rememora nestas liñas o que para el supuxo eses día de enclaustramento forzoso.


Rúa do Príncipe baleira
Rúa do Príncipe, baleira a finais de marzo.
                                                                            


Foi un tempo doloroso que, na súa proxección, aínda non rematou. Difícil esquecer tanta morte, tanto abandono dos anciáns, tanta hipocrisía, tanta desvergonza por parte da extrema dereita –neste país non hai dereita homologable ao resto de Europa, agás as nacionalistas-, tanto odio sementado na cidadanía por parte dos mesmos, tantos intereses dos de sempre, tanta manipulación por parte dos “grandes medios” de comunicación (cada vez menos grandes e rastreiros) e tanta cegueira dunha parte da poboación, carente de sentido crítico e de cultura ética e política. Non, non imos saír mellores.

Por todo iso, e por moito máis, este confinamento que sufrimos durante case tres meses foi para min un suplicio.  A incerteza do que a COVID-19 significaba, sumiume nun estado de ánimo que non recordaba.

     Custábame concertarme na lectura, pero seguía a ler. Custábame conciliar o sono e daba mil voltas inquieto na cama. Non fun quen de escribir ata case o remate dese confinamento. Notábame irritable e non vin un telexornal en todo este tempo. Con ler os xornais dixitais tiña dabondo.

    

Ludwig Van Beethoven
                                                                                                    

   Nesta situación tan atípica, houbo, ademais da lectura, tres actividades que me axudaron a non volverme máis tolo do que un xa está normalmente:

-         Por unha banda, escoitei moita música. Aproveitei para facer monografías amplas dos grandes músicos, das grandes bandas e dos diversos xéneros que impulsaron o meu gusto pola música. Así gocei de Bob Dylan e dos Beatles, claro, pero tamén de L.Cohen, Neil Young, David Bowie, Patti Smith, Joan Baez,The Rolling Stones, The Who, Jethro Tull, Pink Floyd, Creedence, Led Zeppelin, Kinks, Miles Davis, John Coltrane, Howlin´Wolf, Muddy Waters, Beethoven, Schubert, Bach, Brassens, Brel, Ferré ou os cantautores españois, en especial de Luis Eduardo Aute, tristemente falecido durante este tempo tan negro.

         

Por  outra banda, fíxenme socio dunha interesante plataforma de cine e vin moitas películas de difícil acceso por vías normais. Moito cine europeo descoñecido pero excelente, cine latinoamericano e asiático. Todos os  días, ás seis da tarde, Susi e mais eu, diciamos: “Imos ao cine”.

-         


E  finalmente, o meu compromiso coa poesía fíxose realidade a través de case 115 vídeos lendo os meus versos  para que os e as docentes levasen ao seu alumnado  a palabra poética. Fun consciente do tremendo esforzo do profesorado para levar adiante un labor complicado, cuns medios  exiguos e facendo traballos que eran moi diferentes do que a maioría desexaba nesta situación tan caótica. Outra, vez a administración galega actuaba con ningún sentido que procurase a eficiencia. Pero isto merecería outro artigo. As peticións chovíanme dende moitos puntos. Eu correspondía encantado. Vídeos para mestras e mestres, para bibliotecas, escolas, xornais, diversas ANPAS, editoriais, librarías, asociacións culturais, movementos sociais…Unha fermosa loucura. Mentiría se dixese que supuxo un esforzo tremendo todo isto. Ao contrario, esta actividade deume azos para sobrelevar a situación, para sentirme útil e para verlle un sentido á miña vida nas terribles condicións en que estabamos.

 

Con Martiño
                                                                                                      

Neste tempo tan negro, doéronme moitas cousas a nivel persoal, comezando polo afastamento físico coas persoas. Eu, que son tan afectivo, sentía que me estaban a roubar eses bicos, esas apertas, esas mans cheas de afecto que son unha parte importante da miña existencia. Deixando á parte o dito sobre a oposición tan noxenta coma fonte de crispación, houbo algunhas cousas que me prexudicaron  de xeito evidente. Entre elas, a cancelación da presentación de Presencias marcadas y otras presencias, que se ía presentar no Club Faro en marzo, unha chea de encontros programados en centros de ensino, a viaxe que en setembro ía facer a Cuba para participar nunhas xornadas de LIX con escritores hispanoamericanos. Pero especialmente, as familiares que me tiveron afastado de persoas que quero e, sobre todo, a suspensión da viaxe dende os EE.UU. do meu fillo, da miña nora e da miña neta Libby, que ían estar en Vigo un mes (viaxe a París incluída). Isto é algo moi duro pola distancia que nos separa fisicamente. Agora haberá que agardar un ano (e que non pase nada raro) para poder abrazalos. Tremendo.

Susi con Libby en EE UU o ano pasado


 Por se isto non fose abondo, a morte do meu querido amigo Luis Eduardo Aute, tinguiu máis de negro o panorama nesta pandemia. Foi unha noticia terrible o seu pasamento. Aute non estaba ben, pero tampouco para que se producise o fatal desenlace. Deixou un baleiro ben fondo no meu ánimo e só escoitar as súas cancións me serena.

Luis Eduardo Aute (Foto Público)
                                                                                      

     Remato afirmando que non imos aprender. Virá unha época moi dura, na que a industria cultural vaino pasar mal como non haxa conciencia política. E temo que non a vai haber. Grupos teatrais, músicos, editoras, librarías, promotores de eventos, escritores e escritoras e demais están atravesando unha situación dunha enorme dureza. E un arrubíase perante a actitude de certas institucións, ás que non lles importa a cultura máis que para figurar. Non asumen a riqueza da cultura de verdade, esa que manteñen os e as artistas a base de moito sacrificio e sentíndose abandonadas completamente.

Moi triste realidade nun país, Galicia, dunha gran forza cultural e innovadora, sempre dependendo do voluntarismo da xente.

    

     Receo desta sociedade que se deixa enganar e manipular polos poderosos. Hai unha tremenda falta de educación cívica, de cultura social e democrática. Vivimos nun país, España, que dista moito de ser unha democracia consolidada. O franquismo pervive nas distintas institucións e cada día que pasa crispa máis a convivencia, grazas ao apoio dos votos de tanta xente que fai do acto de votar unha dependencia lamentable de certos partidos, como se fosen equipos de fútbol.

      A min, que tan mal o pasei en moitos intres deste confinamento, ademais das persoas que quero, sempre me quedarán as artes para seguir respirando. Entre a música, a literatura e o cine intentarei seguir sendo eu mesmo.


Policarpo Sanz, a primeiros de abril
                                                                                 

                                                                                                                                                 ANTONIO GARCÍA TEIJEIRO

jueves, 9 de febrero de 2017

"LISBOA, UN VIAJE ESCRITO EN EL ROSTRO", un texto evocador de Juan Carlos Martín Ramos

El autor, Juan C. Martín Ramos divisa Lisboa.

Con motivo da súa primeira visita a Lisboa, Versos e aloumiños pediu ao magnífico poeta e amigo deste blog-revista, Juan Carlos Martín Ramos, que puxese por escrito algunhas das vivencias e emocións que a súa estadía na “cidade da luz” lle provocaron.

     Coa súa mestría escribindo, co seu amor pola literatura, pola súa enorme capacidade de evocación e polo afecto que nos vencella, Juan Carlos escribiu este fermoso texto que podedes ler deseguido.

     Un texto fermosísimo que nos introduce con agarimo nunha cidade ateigada de recunchos, de sorpresas, de beleza e de misterios.

     Un texto que nos fai querer moito máis, se cadra, a Lisboa.

     Grazas, mestre.







         
                              LISBOA, UN VIAJE ESCRITO EN EL ROSTRO

                                                                 
                                                                                                “Me gustaba mucho leer el viaje en el rostro de los demás”
                                                                                                                                                                      A. T.

                                               
                                                                                                   1


Antonio Tabucchi
El escritor italiano Antonio Tabucchi, en su libro “Viajes y otros viajes”, hablando de quienes van de excursión a algún lugar de interés artístico, histórico o natural situado a pocos cientos de kilómetros de su habitual población de residencia, dice lo siguiente: Más de una vez he ido a esperar el autobús que volvía de algún sitio, fingiendo que esperaba a alguien aunque no esperara a nadie, para observar a las personas que bajaban. En sus rostros había asombro, exaltación, cansancio (…): se nota que han ido realmente de viaje. Y añade: En cambio, y por el contrario, he tenido ocasión de observar a ciertas parejas jóvenes, de hoy en día, que acaso no han visto nunca los Uffizi o el Coliseo pero que cuando se casan se van de luna de miel a las Seychelles o a las islas Comoras. Cuando regresan, en sus rostros no hay nada escrito. (…) Lo único que se aprecia es que están muy morenos. Idéntico resultado podrían haberlo obtenido quedándose sentados en el patio de su casa o en la terraza.


     
     Quiero aclarar, antes de nada, que nunca he estado en las Comoras ni en ninguna de las ciento quince islas Seychelles. Y puedo afirmar sin morderme la lengua que  no tengo un especial interés en ir hasta allí. Pero debo confesar que, al escribir esta pequeña crónica, el comentario de Tabucchi me provoca un perturbador sonrojo, porque no encuentro ningún argumento plausible para explicar el hecho de que ésta haya sido, a mis  años, la primera vez que voy a Lisboa. De pronto he sido consciente de que no haber estado nunca en Lisboa era una circunstancia incomprensible en mi biografía, como también lo es en la de cualquier persona -española, por ejemplo- que viva a tan sólo unos cientos de kilómetros de una ciudad tan fascinante.

     
     Nada más llegar a Lisboa, me invadió una profunda y saludable sensación de alivio. No por sentirme como en casa, no porque me diera seguridad reconocerme en todo aquello que me resultaba familiar y cercano. Todo lo contrario. Esta gran sensación de alivio, de bienestar interior, de inesperada reconciliación con la especie humana, era consecuencia de todo aquello -usos y costumbres en particular- que, a pesar de las semejanzas aparentes, le confieren a la realidad de Lisboa una dimensión extraña y lejana en el tiempo y en el espacio.


     
     Paseaba por las calles de Lisboa con ojos nuevos o, mejor dicho, con una mirada recién estrenada. Me sentía en un estado de consciente y razonable (permítaseme que utilice ahora una palabra que ya no viene en el diccionario) felicidad. ¿Me parecía que la vida era más fácil? No hay que exagerar, pero hasta rebullía dentro de mí un vigoroso impulso de subir cuestas y más cuestas, y luego bajarlas, y luego subirlas, y luego volver a bajarlas, y luego volver a subirlas y a bajarlas y a subirlas una y otra y otra vez, encontrando de paso algún lugar inolvidable que no buscaba o perdiéndome por el camino tras preguntarle a un guardia por una dirección concreta que nunca encontré.
 
El autor escribe
     Deambulando por Lisboa, fui construyendo a mi alrededor mi propio laberinto y casi podría asegurar que, en más de una ocasión, me crucé conmigo mismo y hasta tuve la tentación de saludarme con la mano. De aquí a ponerle un nombre diferente a mis otros “yos” y a inventarme vidas y versos paralelos para cada uno de ellos, me faltaron apenas unos cuantos metros de adoquines portugueses. Ahora lo entiendo. Así cualquiera, don Fernando.
 
Fernando  Pessoa
     Tengo además la sospecha de que el poder benéfico de este hechizo lisboeta, que me permitió ir estrenando a cada paso novedosas y reconfortantes sensaciones y vivencias, no se activó sólo porque fuera mi primera vez, sino que sus efectos volverán a reproducirse cada vez que regrese a Lisboa. Y volveré, claro que volveré, para seguir tocando con  la punta de los dedos todo aquello que aquí ya no existe o nunca existirá, para seguir reconociéndome en el espejo de quienes pudimos ser y ya nunca seremos, para seguir sintiendo como algo propio todo aquello que por suerte aún nos diferencia.

                                                                                            2


     Con motivo de las 200.000 visitas (cifra, a estas alturas, ya ampliamente superada) de “Versos e Aloumiños”, las fuerzas ocultas de este blog me pidieron una breve crónica de mi primer viaje a Lisboa. Releo lo escrito y soy consciente de que más que la crónica de un viaje es el relato íntimo de un desahogo. O de un deslumbramiento.



     Así que para que no parezca que mi intención ha sido callarme todo lo que hice en Lisboa, añadiré que, si alguien tiene alguna duda de que todo lo que he dicho es cierto, puede comprobarlo personalmente yendo a uno de los lugares a los que yo fui, en mi caso, siguiendo una pista que encontré en un artículo de Antonio Muñoz Molina. No diré cual.
 
Lurdes abraza a don Fernando

       Se trata de un pequeño y modesto restaurante de barrio. Tampoco diré su nombre. De acuerdo, ya lo sé. Dirás, querido lector, querida lectora de este blog, que no te pongo nada fácil llegar hasta allí, pero déjate llevar, te bastará encontrarlo y ponerte a la cola. Cuando te hayas sentado a la mesa, ocupando gozosamente el hueco que te hayan asignado, apenas tendrás que esperar. La maquinaria invisible de esta experiencia inolvidable se pondrá en marcha por sí sola. Todo sucederá en este lugar de tal manera que, por más escéptico y receloso que hayas llegado hasta su puerta, el arco de tu entrecejo se abrirá en libertad como una sonrisa sobre tu frente ante la certeza de que la realidad -gracias a las cosas y a las personas que allí forman parte de ella- puede ser profundamente hermosa.

     


Y, a modo de colofón, aportando a esta crónica una prueba más de que yo realmente estuve en Lisboa y, por tanto, me he sudado mi salario como corresponsal de “Versos e Aloumiños”, extraeré de mi cuadernillo de viaje este poemita ocasional donde queda reflejada la esencia de mis andanzas y desandanzas lisboetas y donde, además, llevo a la práctica uno de mis mayores descubrimientos en este viaje. Que Lisboa y Pessoa, tomad buena nota,  riman entre sí.

 
                                      LISBOA-PESSOA

¡Ay, Lisboa, boa, boa!,
sube y baja por tus calles
el sombrero de Pessoa.

Rueda y rueda con el viento
desde Alfama hasta Belém,
sube a veces en tranvía
y otras baja entre los pies.

Desde el puerto hasta el castillo,
desde Estrela hasta la Sé,
y por la Feira da Ladra
fingiendo ser más de cien.

Ruedan, vuelan, se entrecruzan,
¡ay, Lisboa, boa, boa!,
dentro de tu laberinto,
los sombreros de Pessoa.



Sí, Antonio Tabucchi, tú podrías leer en mi rostro, con pelos y señales, la historia mágica de mi primer viaje a Lisboa.


¡Lisboa, muito obrigado!