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lunes, 2 de noviembre de 2020

REMUÍÑO DE LIBROS (70) "Miña Guía, Meu Capitán", de Gonzalo Moure

 





TÍTULO: Miña Guía, Meu Capitán.

 


AUTOR: Gonzalo Moure.

 

ILUSTRACIÓNS: María Girón.

 

TRADUCIÓN: Manuela Rodríguez.

 

EDITORA: Kalandraka .Colección: Maremar.

 

 

Kalandraka Editora achéganos este fermoso conto da man de Gonzalo Moure, autor que ben coñece o oficio de escribir literatura comprometida co ser humano. Dándolles voz a moitos que por diversas circunstancias non a teñen de seu, denunciando inxustizas e reivindicando a través da palabra a solidariedade, a tenrura e o amor coma alicerces dun mundo máis plural e equitativo.

     Miña Guía, Meu Capitán é a maxia agochada na rutina. A grandeza das pequenas cousas onde radica a felicidade de poder compartir coa persoa que queres eses momentos especiais, case máxicos, que marcan a diferenza entre a monotonía e a continua sorpresa por vivir eses intres.

     

Gonzalo Moure  (Foto: unlibroesunamigo.com)

     A través da combinación da estrutura dialogada e narrativa descubrimos como o traxecto de casa á escola pode converterse nunha grande aventura se se fai coa persoa axeitada. Isto é o que lle acontece á protagonista desta historia. Unha nena para a que o máis importante do día é ir ao colexio da man do seu pai porque non só é camiñar xuntos, senón tamén falar, sentir, interactuar, xogar, soñar…en definitiva, ser cómplices da realidade vista a través da ollada infantil, onde a imaxinación crea o seu propio mundo no que todo é posible que suceda e as limitacións físicas non son motivo de discriminación.

     As ilustracións coloridas e expresivas de María Girón dotan de vida todo o mundo que habita na imaxinación da pequena protagonista.

         

Ilustración de María Girón



Unha pequena mostra do dito:


Camiño da escola, papá e mais eu avanzamos por unha selva de luces e sombras. E de sons”.

“Eu case non vexo, e papá non ve nada, é cego. Non ve as cousas , pero ve moito máis ca min, ca ninguén no mundo”

“Cando chegamos e se separan as nosas mans, teño ganas de chorar. Pero aguanto”

“Ola, man! Adeus, tristeza!”

 

                                                                                                          ALBA PIÑEIRO


lunes, 18 de noviembre de 2013

A LUZ DAS PALABRAS (32) Gonzalo Moure



 
Gonzalo Moure

 Cuando hablas por primera vez con Gonzalo Moure, te atrapa.
Unos ojos penetrantes en un rostro marcado por su barba blanca destilan ternura.

Sí, amigos, Gonzalo Moure es muchas cosas. Entre ellas, tierno. Pero también es comprometido, honesto, auténtico, cariñoso, inteligente y mucho más. Hay una vida que late dentro de él. Nunca está quieto. Viaja de aquí para allá, siempre cumpliendo con los demás, si le es posible. Es olvidadizo, tiene muy buenas intenciones pero se lía con todo aquello que hace que su corazón lata con fuerza. Amigo de sus amigos, está a su lado cuando lo necesitan.
 
Uno de mis libros preferidos
Y, por encima de todo, es un gran escritor. Uno de esos novelistas que respetan a todo aquello que hay que respetar por ética personal: a la literatura, a los personajes de sus novelas, a sus lectores (a quienes exige esfuerzo literario), a él mismo. Transmite sensibilidad a raudales y es un placer conversar con el novelista, con el luchador, con el amigo. Siempre dice cosas interesantes. Apasionado por el cine, no hay vez que estés con él y no te señale una película para que repares en ella. No en vano es un cinéfilo que llega a ver algunas obras maestras hasta veinte veces en sus propias palabras. Y viene haciéndolo desde que era muy joven. Le encanta compartir todo aquello en lo que cree. Atrás queda el periodismo, la radio. Su presente está centrado en la acción a favor del pueblo saharahui (¡cuántos años de lucha lleva ya sin desfallecer!) y en sus libros. Son estos auténticas joyas literarias. Aborda un buen número de temas, siempre teniendo muy presentes a los desfavorecidos, pero siempre haciendo literatura de altísima calidad. En sus novelas suele tratar temas sociales ( los gitanos, los niños y niñas del Sáhara, el síndrome de Mozart…) y los aborda bajo un estricto prisma literario. La literatura, al servicio de los lectores, tirando de ellos hacia arriba. Gonzalo jamás baja la guardia en este aspecto. Ama demasiado su oficio como para traicionarlo.


Los lectores aprendemos mucho de su manera de enfocar sus escritos. Suele abrir caminos y explorarlos para crear una obra rica, ya desde su estructura. Acercaos a su blog y buscad los títulos que Gonzalo Moure lleva escritos. Si no lo conocéis, quedaréis sorprendidos muy gratamente. Y si habéis leído,por ejemplo, Maíto Panduro, El síndrome de Mozart, El beso del Sáhara, La noche del Risón o Tuva, conoceréis otros libros que harán las delicias de los que se acerquen a ellos.Están llenos de emoción.
Y conoceréis el Bubisher, un autobús, una biblioteca para que puedan leer los niños y niñas saharahuis. Un proyecto de una hondura indescriptible.
 
El bubisher
Gonzalo Moure no cree en guiones cuando comienza una novela. Él prefiere sumergirse en la historia y, desde el más profundo respeto, deja que vivan sus personajes y que sean ellos los que tomen sus propias decisiones para después describirlas.
Gonzalo afirma que “lo importante de la literatura es lo que sugiere, no lo que dice”.

Sobre el oficio de escritor comenta con relación a sí mismo: “Este oficio, para mí, es algo más que un sueño. Me veo como los vaqueros que tanto me gustaban en mi infancia. Mi caballo es la libertad; un cuaderno abierto, mi tienda de campaña y mi rotulador, mi rifle. Puede más un lápiz que una ametralladora: los poderosos temen más a las palabras que a las balas”.
Y añade sobre este oficio apasionante: “Prefiero pensar que un escritor es un buscador, un descubridor. La vida está llena de historias. A veces los personajes que creas tienen más vida que los seres reales, más vida que yo mismo”.
Hermosas e interesantes reflexiones.Pensamientos inteligentes de un autor que no hace de la fórmula, ni de las repeticiones, el centro de su manera de escribir. No deja de buscar retos constantemente.
 
Así es de afectivo Gonzalo
Quiero mucho a Gonzalo Moure. Tiene detalles preciosos con nosotros. Es muy afectivo.Como anécdota, recuerdo su llamada al final del último partido de Liga de la pasada temporada, en el que el Celta, el equipo que llevo muy dentro, se salvó milagrosamente. En cuanto terminó el encuentro con el Espanyol, Gonzalo me llamó enseguida para compartir mi alegría. Pueden parecer nimiedades pero no lo son tanto. Esto es una anécdota, repito, pero Gonzalo Moure siempre está pendiente de sus amigos, aunque pase algún tiempo, más o menos largo, sin hablar con ellos.


Mientras escribo estas líneas, decido llamarlo. Me apetece escuchar su voz. Lo encuentro, como tantos de nosotros, muy enfadado por la situación que estamos viviendo. Ya dije que era una persona comprometida. Y lo es con la justicia social. Está indignado. Hablamos de nuestras cosas y, como de costumbre, me muestra su cariño. Es una persona maravillosa. Y un gran escritor que entra en Versos e aloumiños con un texto muy especial que él mismo explica.Un texto de una belleza deslumbrante.
Gracias, Gonzalo, por ser como eres.
Estamos muy contentos de que tus palabras nos iluminen con su luz.

 Qué es la poesía?

No creo que haya mejor lugar para hacerse esa pregunta que el taller de un poeta. Un lugar como este, en el que se engastan las palabras y se taracean los adjetivos. Un lugar hospitalario como pocos, con un anfitrión como muy pocos.

Un día, en el desierto, un grupo de niños saharauis me preguntaba cómo se hacía una poesía. Les hablé de Limam Boisha, que no hace mucho fue niño como ellos, y que se hizo poeta. Y que Limam me recordaba a Miguel Hernández. Quién es Miguel Hernández, preguntaron y les dije que fue un poeta que antes fue niño y pastor.
 
Miguel Hernández leyendo poemas
Y así, para ellos, empecé a escribir un libro que ahora está en el taller del ilustrador, para casar palabras e imágenes. Un libro que es un homenaje al poeta que fue, Miguel, al poeta que es, Limam, y al poeta que será: cualquiera de ellos.

Y así nació este “Silbo del dromedario que nunca muere”, del que quiero compartir con Antonio y sus invitados algunos fragmentos de la vida de Kinti, un niño del desierto, un niño pastor, un niño poeta.

Kinti preguntaba qué quería decir lo que leía.
El abuelo lo intentaba,
pero no conocía todas las palabras.
Este poema habla de colores.
Y también de flores. Claveles.
¿Qué son claveles.?
Flores que huelen a noche dulce.
De azahares.
¿Qué son azahares?
Flores de las que nacen naranjas.
Y aquellas ideas eran relámpagos en la mente de Kinti.
¿Qué son tiros de grana?
No lo sé.
Así acababa siempre,
y los “no lo sé” eran puertas cerradas para el Kinti.
Noches sin luna,
tormenta sin relámpagos.

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Quiero saber español,
le dijo un día el niño al anciano.
Quieren ser los labios sonrisa, le dijo el abuelo,
dibujando una entre las hebras blancas de barba y bigote.
Y le enseñó.
Poco a poco, letra a letra, palabra a palabra.
Pulió una estrecha tabla de acacia blanca y pura,
y con carbón escribía
y con la palma de la mano borraba.
Ahora tú,
y Kinti escribía pan
y en los tres signos el niño olía la masa y el fuego,
y más allá la harina y las manos de su madre,
y más allá el trigo y el sudor del labrador,
y más allá la tierra y el agua,
y más allá ya no sabía qué, pero también lo olía.
Pan, naranjo, guijarro,
poco a poco formando en su cabeza un mapa
como el de las estrellas del cielo,
tan cerca unas de otras.

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Kinti leía cada poema diez, treinta veces.
Lo hacía mientras vigilaba a las cabras
y, de vez en cuando, lanzaba la piedra con su honda
y gritaba los versos aprendidos;
y ambos, piedra y verso,
volaban en la desolación del desierto,
“Cerca del agua te quiero llevar”.
O “Nunca tan parecida tu frente al primer cielo”.

El abuelo se sentaba en una colina cerca del campamento,
no tan cerca como para que Kinti lo viera,
ni tan lejos como para no escuchar sus versos como piedras:
“¡Qué olor a madreselva desgarrada y hendida!”.

Y el viento del desierto se llevaba los versos
y en lejanas majadas
los camellos sentían caer su sonido como lluvia fértil.

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Miró una vez atrás, hacia la acacia
y el zurrón que había enterrado a sus pies.
Y susurró: espera, ten paciencia,
un niño vendrá un día y te encontrará,
y leerá mis poemas.

Y ese niño aprenderá también a lanzar con la honda
primero piedras y después versos,
porque siempre hubo niños pastores,
pastores poetas, y siempre los habrá.






lunes, 30 de mayo de 2011

Poemas inéditos de Antonio García Teijeiro dirigidos a los niños y niñas del Sáhara


Gonzalo Moure, excelente escritor y amigo de Antonio, viaja periódicamente al Sáhara, donde dirige talleres literarios en los que trabaja con niños y niñas saharauis. Uno de sus talleres tiene como elemento central la poesía, y por esa razón, recientemente Antonio escribió los siguientes poemas para que Moure los utilizase en el taller. Se trata de poemas inéditos que publicamos en este blog por primera vez. Los tres poemas (“Un barco de papel”, “Anuncios del arco iris” y “Llamando a la puerta”) se agrupan bajo el título general de En la luz de la arena y están dedicados especialmente a todos aquellos niños y niñas saharauis que se emocionan con la palabra poética.

EN LA LUZ DE LA ARENA

En la luz de la arena
juegan un barco, el arco iris, y hasta el viento
confundiéndose con las estrellas


A los niños y niñas saharauis, a los que siento cerca, con cariño desde el lejano mar de Galicia

ANTONIO GARCÍA TEIJEIRO


UN BARCO DE PAPEL

Un barco de papel,
que viene desde lejos,
navega por las dunas
y atraca en el desierto.

No tiene marineros
ni tiene capitán.
Está lleno de sueños
y besos de cristal.

Jamás surcó los mares
ni le hizo caso al viento.
Y nunca las sirenas
salieron a su encuentro.

¡Qué barco tan extraño
el barco de papel!
Si veis que está en la arena,
corred y hablad con él.



ANUNCIOS DEL ARCO IRIS

El arco iris anuncia
en la magia de sus flores
que la primavera llega
con sus besos de colores.

Besa aquí y besa allá.
Son besos de brisa fresca.
Besos que saben a azúcar.
¡Cuánto embrujo! ¡Qué belleza!

Los colores de estos besos
son azules, rojos, verdes;
son violetas, amarillos…
Besos que nunca se pierden.

Algunas aves los roban
para lucir en sus vuelos
y competir en lo alto
con cometas y luceros.

Besos con labios de sol.
Besos que inventan la niebla.
Besos que llenan ausencias
y descansan en la hierba.

El arco iris anuncia
con sus besos de colores
que la primavera canta
cuando ve risas y amores.



LLAMANDO A LA PUERTA

La niebla llama a la puerta
de unos ojos azul-cielo.
Es la mirada callada
de una niña del desierto.

Mirada viva, sin fin.
Mirada de luna llena.
Ojos que guardan misterios
muy cerca de las estrellas.

Ojos que huelen a mar
y se funden con el sol.
Ojos mojados en calma
que son oasis de amor.

La niebla llama a la puerta
de una mirada serena.
Una mirada que posa
sus sueños sobre la arena.



Orientados por Gonzalo Moure y tomando como base el poema “Un barco de papel”, un grupo de niños y niñas saharauis que participaron en el taller poético (entre otros, Kabara, Mahyuba, Galuha y Hassina) escribieron el siguiente poema, titulado “Una raya en la pared”. Lo ofrecemos a continuación como ejemplo de los interesantes resultados logrados por los participantes en el taller.

Una raya en la pared
pintada por un niño
que acaba de nacer
señala su destino.

Necesita tener paz
Necesita libertad
Necesita encontrar
los amigos de verdad.

Nunca tendrá paz
Nunca libertad
nunca tendrá amigos…
Si no lucha, perderá.

¡Qué raya tan extraña
pintada en la pared,
si la vierais algún día
le estaríais viendo a él!


El escritor Gonzalo Moure, artifice de estos talleres literarios en el Sáhara

jueves, 26 de mayo de 2011

El CEIP Emilia Pardo Bazán da el nombre de Antonio García Teijeiro a su biblioteca infantil


Hace unas semanas, el CEIP Emilia Pardo Bazán de Vigo bautizó su biblioteca de educación infantil con el nombre de Antonio García Teijeiro, reconociendo así no solamente su labor literaria sino también su labor pedagógica, una de las razones de que esta distinción tuviese para Antonio un significado muy especial. El centro escolar, que también tiene una biblioteca de educación primaria que lleva el nombre del escritor Gonzalo Moure, confirió a Antonio este honor en el transcurso de un emotivo acto en el que Antonio leyó un texto titulado “Bicos na fraga” (“Besos en el bosque”), escrito especialmente para la ocasión. A continuación, y como manera de agradecer el hermoso gesto del CEIP Emilia Pardo Bazán desde este blog, ofrecemos el texto íntegro en gallego, junto con una serie de fotografías sacadas durante el acto.



BICOS NA FRAGA

Sempre mantiven que unha biblioteca era, para min, unha fraga de libros. Unha fraga na que as árbores e a vexetación teñen forma de versos, de ríos polos que baixan as palabras, de mares con barcos piratas, de bicos roubados, de seres, reais ou non, que sofren, descobren, aman, rin, choran, foxen, apreixan, enganan, fan trasnadas, provocan a risa. Unha fraga con cores, con ilustracións, con pinceis, con lapis e tinta. Unha fraga que nos permite coñecernos un pouco máis e saber da vida.
Vida, si, vida. Vida nos libros. Vida nesa fraga máxica. Vida coma fonte da literatura, ou sexa, vida na biblioteca, ese espazo que te seduce e consegue pintar de luz os sentimentos de quen se detén nos seus recunchos.

E moita VIDA, así con maiúsculas, hai nesta Biblioteca que hoxe me acolle dun xeito especial.

Un, ao longo da súa existencia, mellor dito, de todo o que leva vivido, vai poñéndose retos e intenta que se realicen. Un dos meus é, foi e será que os cativos vivan preto da palabra literaria. É este un reto que nunca perde a súa vixencia. Decote haberá nenos e nenas e constantemente sentiremos os mediadores/as a necesidade de que lean para que sexan felices. E non será doado. Aparecerán os atrancos de sempre. Ben, pois levo ben anos nesta liña. Con esta teima. Animando, contaxiando o meu amor pola lectura. Lembro cando comezamos a traballar coas primeiras bibliotecas: as de aula. Logo virían as de centro. Lembro os cursos, dados e recibidos, os libros escritos neste sentido. Lembro a ilusión que tiñamos cando viamos os nosos alumnos cun libro na man. Dende hai máis de vinte e cinco anos, ademais, escribo. Danlle a un algúns premios. Agradan, claro que si. Non debemos ser hipócritas. Pero hai outros premios que te emocionan máis. Cando atopas un mestre ou unha mestra que che di os anos que leva traballando cos teus textos e percibes a emoción no seu rostro. Cando alguén, nun lugar arredado, envíache unha carta de agradecemento por escribir algún poema que tanto lle serviu. Cando os nenos e nenas queren agasallarche os seus poemiñas e debuxos, a súa voz, todo feito a partir dos teus versos. Marabilloso.

Pero hoxe é para min un dos días máis especiais da miña vida. Que esta fermosísima biblioteca, tan chea de vida, leve en adiante o meu nome demostra que os meus esforzos non foron baldíos. Que a soidade na que escribes, sen saber onde van caer os teus escritos, ten un reflexo en persoas que, coma vós, amades o que facedes, emocionádesvos coas palabras e sodes auténticos. Sinto a emoción ben dentro. Son moi feliz e non podo menos que agradecervos fondamente este agasallo que non me parece real polo fermoso que é. Grazas por valorar o meu labor. Grazas no nome dos que cremos na forza da literatura. Grazas por serdes tan sensibles ao feitizo da literatura. Grazas por seguir mellorando espazos coma este para que a rapazada se sinta transportada aos diversos mundos que se agochan nos libros.

E grazas, en fin, no nome da poesía, tan maltratada, ás veces, pero tan necesaria sempre.

Non o dubidedes. Estaredes de por vida no meu interior e espero seguir sendo merecente dun dos agasallos máis marabillosos que me proporcionou o feito de ser un escribidor sen máis ambición.

ANTONIO GARCÍA TEIJEIRO


Antonio con Ángeles Escribano, máxima representante de las bibliotecas escolares del CEIP Emilia Pardo Bazán

Antonio con Pili, una de las responsables de la biblioteca

Antonio escucha a algunos alumnos poniendo música de flauta a uno de sus poemas y recitándolo

Antonio con Gonzalo Moure: ambos comparten el honor de dar nombre a una biblioteca del centro

Antonio abraza a Miguel, el director del centro, tras descubrir la placa que da nombre a la biblioteca

Antonio escucha a dos alumnos que leen un texto en un momento del acto

Antonio deja constancia de su paso por el CEIP Emilia Pardo Bazán escribiendo en el Libro de Honor del centro

jueves, 6 de mayo de 2010

Columna de A Nosa Terra: Cuentos en la cama

En esta columna, que ha aparecido recientemente en el semanario A Nosa Terra, Antonio García Teijeiro hace una reflexión sobre la conveniencia de despertar el hábito lector en los hijos a través de la lectura en voz alta de textos literarios cada noche antes de dormir. Originalmente publicada en gallego, ofrecemos a continuación esta columna en una versión traducida al castellano.



"Lo que más me gustaba era que me contases un cuento en la cama. ¿Te acuerdas? —Malva—decías—, ¿cama y cuento? Oír esas palabras era lo mejor del día, lo mejor de la vida". Así comienza el libro Cama e conto (Xerais) de mi querido Gonzalo Moure. Y esto me hizo revivir momentos hermosos en la formación de mis hijos. Susi, mi compañera, les leía todas las noches uno o varios cuentos antes de dormir. Yo andaba por la casa recitando poemas en voz alta a quien me quisiese escuchar. La noche de Reyes, la Noche Mágica (que aún celebramos) era un pequeño espectáculo alrededor de los libros. Ahora incluimos música. Moure reflexiona en esta historia sobre la siguiente paradoja: aprender a leer es, a veces, una frontera en la que se pierde ese delicioso pacto entre padres e hijos. Se refiere el autor a la relación especial que supone leer o contar un cuento y que se pierde cuando los niños alcanzan su autonomía lectora. Les damos el libro y desaparecemos. Y algo sí que se pierde, porque en esa transmisión oral se crean unos lazos afectivos de una profundidad maravillosa. La lectura en la cama resulta una actividad enriquecedora, llena de ternura, para padres e hijos. Se crean complicidades y se alcanzan ilusiones comunes. Es un placer escuchar pero también leer. Sientes muy cerca a los pequeños, modelas su atención, despiertas sentimientos muy ricos y compartes un espacio común que beneficia a todos. Y no vale la disculpa del cansancio. Compensa compartir con los hijos unas páginas como un acto de seducción mutua y dejarse llevar por la fuerza de la literatura escrita u oral. Llegar juntos a ese horizonte, donde fábula y realidad comienzan a ser la misma cosa a orillas del sueño, se convierte en una aventura que alegra los sentidos.

ANTONIO GARCÍA TEIJEIRO