Siempre que piso tierras gallegas aprovecho para escuchar algunos discos de jazz que no tengo en mi casa en Tennessee y que, por tanto, no he puesto en mucho tiempo. O a veces, otros que descubro por primera vez y que me parecen interesantes. En este breve artículo comparto con los lectores de Versos e aloumiños tres de ellos que he escuchado en estos pocos días que llevo de visita en Vigo, presentados en orden cronológico de grabación.
Oscar Peterson Trio + One (Mercury, 1964) Reeditado en CD en 2007 pero grabado el 26 de febrero de 1964 en una sola sesión, este disco presenta una colaboración entre el trío del gran pianista canadiense Oscar Peterson (con Ray Brown al contrabajo y Ed Thigpen a la batería) y el trompetista Clark Terry, un hombre a quien, según se dice en las notas, Peterson se sentía muy cercano musicalmente. En los diez temas registrados domina el sonido del blues, que es una constante en la discografía de Terry, y que se plasma sobre todo en composiciones originales del trompetista ("Mumbles", "Incoherent Blues") y del pianista ("Blues for Smedley", "Squeaky Blues"). No faltan standards como "Mack the Knife" o "They Didn't Believe Me" --esta última una de las pocas baladas del álbum-- interpretados con la frescura que siempre caracteriza al estilo de Peterson, y la facilidad con la que se compenetra Terry con el trío hacen de este disco uno de los más recomendables de la vasta discografía del canadiense.
Freddie Hubbard - Born to Be Blue (Pablo, 1982) La carrera del trompetista Freddie Hubbard está llena de magníficos discos, aunque algunos de ellos, como éste grabado en diciembre de 1981, son menos conocidos pero no por ello menos interesantes. Hubbard aparece aquí en formación de sexteto, y cuenta con la inestimable colaboración del saxo tenor de Harold Land, con el que la trompeta de Hubbard se complementa a la perfección. Se trata de una sesión que pone un notable énfasis en la percusión, sobre todo en los tres temas originales de Hubbard ("Gibraltar", "True Colors" y "Up Jumped Spring"), pero en la que también tiene cabida el clásico de Clifford Brown "Joy Spring". Uno de los puntos álgidos del disco es la única balada, "Born to Be Blue", interpretada con clase y elegancia por el sexteto. Un álbum un tanto oscuro en la discografía de Hubbard, sí, pero que sin duda vale la pena escuchar.
Jan Lundgren Trio - Svenska Landskap (Sittel, 2003 / Fog Arts, 2017) Ya hemos hablado en estas páginas con anterioridad del pianista sueco Jan Lundgren, que ha ido forjándose una carrera sólida desde los años 90 y que es hoy uno de los músicos de jazz más importantes de Escandinavia en particular y Europa en general. En 2003 grabó, junto con su trío (Mattias Svensson al contrabajo y Morten Lund a la batería), esta verdadera joya que es un recorrido musical por toda Suecia --de ahí el título, "Paisaje sueco"-- a través de versiones jazzísticas de melodías tradicionales. No faltan temas originales de Lundgren que no desentonan en absoluto con el sonido general del disco, además de una pieza del gran poeta sueco del siglo XVIII Carl Michael Bellman y del respetado compositor escandinavo Evert Taube. El resultado en un álbum atractivo, expresivo en los temas más acelerados e introspectivo en las baladas, que no defraudará a quienes deseen escuchar un jazz diferente con la marca personal de Jan Lundgren.
Como el director de este blog está estos días de vacaciones, me ha escrito pidiéndome una entrada urgente, de ésas que necesita de vez en cuando, de ésas que precisa no pronto, sino más bien para ayer. "Ponme unas cinco líneas y ya está", me dijo. Y yo, que de vez en cuando me tomo las cosas al pie de la letra, o casi, he decidido enviarle estas recomendaciones jazzísticas en formato prácticamente telegráfico; es decir, dejando que sea la música la que, si deciden ustedes adquirir estos discos (y los tres bien merecen el desembolso económico, por cierto), hable más que yo. Los tres son CDs publicados en el siglo XXI, y dos de ellos son relumbrantes novedades que he estado escuchando estos días.
Warren Wolf—Incredible Jazz Vibes (2005) La portada de este álbum nos recuerda a uno de los discos más famosos del guitarrista Wes Montgomery. Esto ya deja claro que Warren Wolf, uno de los mejores vibrafonistas de la actualidad, está influido por el hard bop de los 60 y 70, y lo demuestra en este disco que hace ya más de una década que salió a la venta. El sonido va acorde con la portada: es fresco y vivaz y mantiene siempre el interés con solos bien construidos y una sabia mezcla de temas propios con standards como "I Hear a Rhapsody" o "The Masquerade Is Over". El disco supuso el debut de Wolf, que desde entonces ha ido consolidando una discografía más que interesante en la que se dan cita el hard bop clásico y otros estilos como el funk, el blues y las tendencias más actuales dentro del jazz. Si bien no es fácil (ni barato) de conseguir, éste es un álbum de necesaria escucha para quienes tengan la buena fortuna de agenciarse un ejemplar.
Bria Skonberg—Bria (2016) Nos encontramos aquí ante otro disco de debut, en este caso de la trompetista y vocalista Bria Skonberg. Canadiense de nacimiento pero neoyorkina de adopción, Skonberg posee un notable conocimiento del jazz clásico, y este CD es buena muestra de su talento vocal y como trompetista, que le ha granjeado la aprobación de varias de las publicaciones especializadas. El repertorio se compone de temas célebres como "Midnight Sun", "From This Moment On" o "Don't Be That Way", pero también hay joyas un poco más desconocidas, como "I Was a Little Too Lonely" y otras que, como "Que Sera Sera", en principio suenan sorprendentes. Skonberg las lleva siempre a buen puerto, y en el sexteto que la acompaña brilla especialmente el piano de Aaron Diehl. El disco sale a la venta el 23 de septiembre, pero yo he escuchado ya un par de cortes y me parece verdaderamente recomendable.
Paolo Fresu, Richard Galliano & Jan Lundgren—Mare Nostrum II (2016) El trío formado por el trompetista italiano Paolo Fresu, el acordeonista francés Richard Galliano y el pianista sueco Jan Lundgren quizá sorprenda por lo inusual de su formación instrumental. Pero hace ya casi una década que nos deleitaron con Mare Nostrum, un disco verdaderamente excepcional, de ésos sobre los que se puede decir, sin temor a equivocarse, que rezuman belleza sónica en estado puro. Pues bien, estos tres excelentes jazzmen europeos acaban de reunirse por segunda vez para ofrecernos una nueva entrega, que resulta tan interesante y atractiva como su predecesora. Mare Nostrum II es un disco diferente, introspectivo, poético las más de las veces, en cuyos surcos convergen de manera delicada y casi perfecta los sonidos límpidos de los tres instrumentos protagonistas. Me atrevo a decir que se trata de un álbum que no dejará indiferente a nadie que tenga la oportunidad de escucharlo.
“Es posible
adaptar y transformar cualquier música, de cualquier parte del mundo. Si esa
transformación se convierte en jazz o no, depende del artista”.
Como ya comentamos en un reciente artículo sobre el saxofonista Arne Domnérus,
desde siempre los países escandinavos se han mostrado muy receptivos al jazz, y
han acogido con los brazos abiertos a jazzmen estadounidenses expatriados que
decidieron , en algún momento de sus vidas, asentarse temporal o
definitivamente en Europa. Esto, por cierto, es algo que honra a los
escandinavos, pero es que, además, las escenas del jazz en Suecia, Noruega o
Dinamarca siempre se han mostrado muy activas, con una enorme cantidad de talento
autóctono. Baste citar los nombres del ya mencionado Domnérus, del pianista
Bengt Hallberg o del contrabajista Niels-Henning Orsted Pedersen para
comprender que estamos hablando de jazz de altos vuelos. Dicha tradición
jazzística goza todavía hoy en día de inmejorable salud, y uno de los ejemplos
más conspicuos de ello es el hombre al que daremos hoy la palabra: el pianista
Jan Lundgren.
Lundgren al piano (foto de Dragan Tasic)
Nacido en
Kristianstad, en el sur de Suecia, en 1966, Lundgren se interesó por el piano
desde muy pequeño, pues su padre lo tocaba de oído, y pronto fue enviado a
clases particulares hasta que, a los ocho años, ingresó en la escuela de música
de Ronneby. Fueron años de trabajo intenso dentro del marco de la música
clásica, dirigido siempre por una profesora de la que guarda recuerdos
inolvidables. Pero hete aquí que, en cierto momento, dicha profesora se ausenta
de la escuela durante un año debido a una baja de maternidad, y el profesor que
la sustituye, un hombre ya mayor que estaba acercándose a su jubilación definitiva,
descubre el jazz al joven Lundgren haciéndole escuchar el excelente disco Night Train, de Oscar Peterson. Supuso para él toda una revelación, y a partir de
entonces decidió dedicarse en cuerpo y alma al jazz. Lundgren lo recuerda con
emoción en una entrevista de hace poco más de un año: “¿Cómo pudo habérseme
ocultado esta música durante quince años? Nunca había escuchado nada como
aquello, y me sentía contento y enojado al mismo tiempo. Fue como enamorarse. .
. . Yo tenía quince años y había tocado el piano durante diez, pero esto era un
lenguaje nuevo para mí. Cuando escuché a Oscar Peterson por primera vez sentí
la necesidad de aprender este nuevo lenguaje. Me di cuenta entonces de que la
improvisación era un lenguaje que ponía alas en mis dedos”.
Lundgren con el legendario pianista Bengt Hallberg
Y, a lo
largo de una carrera que le ha dado la oportunidad de tocar con grandes figuras
como Domnérus, Johnny Griffin o Benny Golson, la improvisación ha sido una de
las constantes en su música, esa capacidad casi innata para recrear y
reinventar melodías, para fusionar estilos, como hace, por ejemplo, en su muy recomendable
disco Swedish Standards, en el que mezcla la música folklórica sueca y el jazz
con resultados verdaderamente interesantes. La improvisación le permite,
asimismo, compenetrarse con todos aquellos músicos con quienes comparte escenario
o estudio de grabación, como bien podemos apreciar en su colaboración con el
también pianista Bengt Hallberg, editada en CD en 2011 bajo el título de Back
to Back. Pero dejemos que sea el propio Lundberg quien nos explique lo que para
él significa la improvisación: “La improvisación es como estar sentados aquí
hablando. Es impulsiva, no necesita reflexión, simplemente fluye. . . . Pero
para improvisar es necesario conocer un lenguaje determinado. . . . Si no, no
es posible improvisar completamente. La improvisación tiene que ver con
matices, con cambios. Una misma palabra puede tener muchos significados
diferentes”.
Aunque su
discografía es prolífica, en mi opinión, el mejor disco para introducirse en la
música de Jan Lundgren es Celebrating the Music of Matt Dennis: Will You Still
Be Mine, un trabajo en formato de trío junto a Tom Warrington (contrabajo) y Joe
LaBarbera (batería), editado en 2003 precisamente por un sello español, Fresh
Sound Records. Como su título indica, se trata de un tributo al cantante, pianista y compositor Matt Dennis, autor de clásicos como “Everything Happens to Me”, “TheNight We Called It a Day” o “Angel Eyes”, algunos de ellos hoy, por desgracia,
un tanto olvidados. Lundgren no se centra solamente en los temas más conocidos
de Dennis, sino que también rebusca en los lugares más recónditos de su obra,
desenterrando melodías desconocidas, como “Spring Isn’t Here Anymore”, que cierra
el disco, y que suena más a composición de Chopin que a canción de Matt Dennis.
A través de Guy Jones, secretario del club de fans de Lundgren, Friends of Jan
Lundgren, tuve la oportunidad recientemente de entrevistar al pianista, y
hablamos de este disco, entre otras muchas cosas. Ofrecemos a continuación la
entrevista íntegra, que publiqué originalmente en inglés en mi blog sobre jazz
The Vintage Bandstand, y que podéis leer en su version inglesa aquí.
Antón
García-Fernández: Usted es un pianista de formación clásica, y esto es evidente
en algunas de sus grabaciones. ¿Fue esto algo que le ayudó a la hora de tocar
jazz o supuso en algún momento un obstáculo para su desarrollo como pianista de
jazz?
Jan
Lundgren: Me resultó de enorme ayuda. Es necesario conocer tu instrumento y
desarrollar una buena técnica desde el principio, y eso es exactamente lo que
te ofrece una formación clásica.
Arne Domnerus, con Jan Lundgren al piano
A.G.-F.: Al
inicio de su carrera tocó usted con Arne Domnérus, una de las figuras de mayor
renombre del jazz sueco. ¿Cómo era Domnérus como persona y como músico? ¿Cómo
fue la experiencia de tocar con él?
J.L.: Arne
es uno de los mejores músicos con los que he trabajado, y siempre te apoyaba.
Tenía una gran personalidad, opiniones muy vehementes y mucha emoción. Son
características que se notaban no sólo en su vida personal, sino también en su
música. Tocar con él era maravilloso. Me daba mucho espacio y protagonismo, y
confiaba en mí: me otorgó mucha responsabilidad a lo largo de nuestro trabajo
juntos, lo cual es de gran ayuda para un joven de veintitantos años.
Johnny Griffin
A.G.-F.:
Entre los grandes nombres del jazz con quienes usted ha tocado se encuentran
Johnny Griffin y Benny Golson. ¿Cuándo y cómo tuvo lugar su encuentro con ellos?
¿Qué recuerdos guarda de su trabajo con Griffin y Golson?
J.L.: Tengo
grandes recuerdos de ambos. Conocí a Griffin a principios de los noventa,
cuando me gradué en la Academia de Música de Malmö. Nuestro encuentro tuvo
lugar porque la sociedad de jazz de Malmö me llamó y me preguntó si quería
formar parte de la sección rítmica de Griffin para unos conciertos en dicha
ciudad. Era una pregunta increíble… ¿que si quería tocar con una de las figuras
legendarias del jazz?
Reservamos
un aula para ensayar en la Academia el día anterior al concierto. Nunca lo
olvidaré: Griffin entra en el aula, saca su saxo de su funda, y nos mira muy
seriamente a mí y a los miembros del trio (Lars Lundström al contrabajo y
Anders Lagerlöf a la batería). “Sabéis tocar rápido?” pregunta con aspecto
grave. “Uhmm, sí”, le respondo yo muy nervioso. Y entonces él empieza a tocar
“All Through the Night”, de Cole Porter, a un tempo ultrarrápido, y cuando
terminamos la pieza, él se ríe y dice: “¡Vamos a pasárnoslo muy bien juntos!”. Poco
después, alguien—no recuerdo quién—me dijo: “Griffin dice que eres uno de los
mejores pianistas de blues de Europa”. “¿Cómo?”
A Golson lo
conocí más tarde. Fue probablemente el primer gran nombre del jazz que tocó en
el Festival de Jazz de Ystad, del que yo soy co-fundador, cuando lo iniciamos
en 2010. Conseguir que Golson viniese al Festival fue un gran golpe de efecto para
nosotros.
Benny Golson
A.G.-F.: El
algunos de sus álbumes, en especial Swedish Standards, hace usted una mezcla
muy interesante de música tradicional sueca y jazz. Esto es algo que han
intentado hacer también otros músicos escandinavos, como Domnérus, por ejemplo.
En su opinión, ¿qué tienen en común la música tradicional sueca y el jazz?
J.L.: Los
tonos y las melodías ayudan, y hay una especie de melancolía en la música
tradicional sueca que puede funcionar bien en el contexto del jazz o del blues.
El modo menor de algunas de estas canciones las conecta también con el jazz.
Pero en mi opinión, es posible adaptar y transformar cualquier tipo de música, de
cualquier parte del mundo. Si esa transformación se convierte en jazz o no
depende del artista.
Matt Dennis
A.G.-F.:
Hablemos un poco de su disco de tributo a Matt Dennis. Aunque Dennis compuso
temas que formaron parte del repertorio de grandes nombres como Frank Sinatra,
Bud Powell o Charlie Parker, por poner sólo tres ejemplos, no es tan conocido
como algunos de sus contemporáneos más ilustres. ¿Qué fue lo que le atrajo de
la obra de Dennis?
J.L.: El CD
de tributo a Matt Dennis fue idea mía. Había estado rebuscando en la música de
varios compositors, como Jule Styne y Victor Young, tratando de encontrar
material que no fuse demasiado conocido por aficionados al jazz. Entonces me di
cuenta de que casi nadie había grabado discos enteros dedicados a sus obras,
algo que también era cierto en el caso de Matt Dennis. Así pues, me puse en
contacto con Matt y hablamos largo rato por teléfono. Matt murió antes de que
grabásemos el disco, pero fue muy amable y después de nuestra conversación me
envió docenas de composiciones suyas, algunas de las cuales eran canciones que
prácticamente nadie conocía. Incluímos algunas de estas piezas en el álbum.
El contrabajista Tom Warrington
A.G.-F.:
Además de este proyecto, si tuviese que elegir su disco favorito entre los que
usted ha grabado, ¿cuál sería y por qué?
J.L.: Ésta
es una pregunta imposible de responder… La mayor parte de los músicos le dirían
que su último disco es el que más les gusta porque los artistas van
evolucionando continuamente. Ésa también es mi respuesta a esta pregunta.
A.G.-F.: Los
países escandinavos han tenido desde siempre una escenas jazzísticas muy
activas, y los músicos de jazz estadounidenses siempre se han sentido como en
casa en Suecia. ¿Por qué piensa que ocurre esto?
J.L.: Suecia
tenía una escena jazzística muy sólida en los años cincuenta, y el jazz
interesaba mucho a la juventud. Eso facilitaba que los músicos estadounidenses
viniesen aquí: la gente los conocía a ellos y a su música, les tenían un enorme
respeto, y los trataban como verdaderas estrellas. ¿A quién no le gustaría eso?
Y, además, seguramente les pagaban bastante bien.
El bateria Joe LaBarbera
A.G.-F.: ¿Podría
recomendar a nuestros lectores otro músico de jazz sueco que le guste
especialmente?
J.L.: Si no
conocen su música, les recomiendo que escuchen a Bengt Hallberg (1932-2013).
Empiecen con sus primeras grabaciones de los años cincuenta, y después observen
cómo evoluciona a lo largo de las décadas siguientes.
A.G.-F.: Y,
para terminar, ¿puede hablarnos brevemente de los proyectos en que está
trabajando?
J.L.: Tras
participar en el Festival de Jazz de Ystad en agosto, va a salir un nuevo disco
muy pronto. Se titula All By Myself, lo produce Dick Bank y lo edita el sello
Fresh Sound. Lo grabé en Los Ángeles en enero de este año. La semana pasada
estuve en Copenhague grabando otro disco nuevo, que aparecerá en noviembre. Es
una colección de temas de Johnny Mandel en la que participan el saxofonista
tenor estadounidense Harry Allen, el contrabajista sueco Hans Backenroth y el
batería danés Kristian Leth. Lo publica Stunt Records, el sello que también editó
en 2013 un álbum que grabé junto a Scott Hamilton, otro gran saxofonista
estadounidense, que se titula Swedish Ballads… & More.
Ahora mismo
estoy trabajando en una serie de conciertos con el veterano trompetista sueco
Bengt-Arne Wallin. La banda incluye también a los otros miembros de mi trío (el
contrabajista sueco Mattias Svensson y el batería húngaro Zoltan Csörsz, que
vive en Suecia), y además, nos acompañará la Bohuslän Big Band. El proyecto se
llama Swedish Folklore NOW! A sus 88 años, Bengt-Arne es sin duda el intérprete
de la música tradicional sueca más innovador e importante de la historia.
Dende sempre, Europa ten sido un refuxio para os grandes do
jazz estadounidense, dende Coleman Hawkins ata Ben Webster, pasando por Dexter
Gordon, Benny Carter, Sidney Bechet e tantos outros, algúns dos cales mesmo se
afincaron no Vello Continente porque atoparon alí unha audiencia receptiva á
súa música. Así, tamén dende sempre, a escena jazzística europea ten producido
músicos dunha enorme calidade, especialmente nas Illas Británicas, Francia,
Holanda e Escandinavia: os máxicos Django Reinhardt e Stéphane Grappelli, o
máis academicista Humphrey Lyttelton, o sempiterno xigante do contrabaixo
Niels-Henning Ørsted Pedersen ou o noso excelente Tete Montoliú son só algúns
exemplos notables. Como viquingos musicais que somos, hoxe imos viaxar cara ao
xélido norte de Europa—xélido é unicamente o seu clima, non a súa música—para
descubrir a Arne Domnérus, a quen moitos chaman “o xefe do jazz sueco”, un
verdadeiro mago do clarinete e do saxo tenor cunha longa carreira tanto en
Europa coma nos Estados Unidos e un home que ten compartido escenario e estudio
de gravación con algúns dos grandes do jazz, entre os que se atopan Charlie
Parker, Clifford Brown ou Jimmy Rowles. Aí vai iso!
Nado en Estocolmo en 1924, o pequeno Arne interesouse axiña
pola música, en especial polo clarinete, aínda que despois pasaría a estudar
saxo tamén, e remataría sendo un mestre en ambos os dous instrumentos. Nos anos
corenta, Domnérus era unha presenza constante na Expressens Elitorkester, unha
banda formada, coma o seu nome indica, pola elite do jazz sueco, cuxos
compoñentes ficaban á discreción (e bo gusto musical) dos lectores do diario
Expressen. Mais, sen dúbida, o intre máis salientable dos seus primeiros anos
como músico foi a súa aparición nun festival de jazz en París en 1949. O seu
estilo cálido e cheo de swing impresionou o público aquela noite, e
particularmente a un tal Charlie Parker que andaba por alí cos oídos ben
abertos. Cando Bird realizou unha xira por Escandinavia pouco despois, non
dubidou nin un segundo en contratar a Domnérus como acompañante, e por fortuna,
temos rexistros sonoros desa colaboración.
Entre concertos en diversas partes do mundo e actuacións
xunto aos mellores músicos estadounidenses cando se atopaban de paso por
Escandinavia, Domnérus tivo aínda tempo para formar parte de varios grupos de
jazz organizados pola radio sueca durante máis de dúas décadas, ademais de
compoñer música para a televisión e o cine. Pero o que realmente lle gustaba a
este home apaixonado polo jazz era o escenario, e na meirande parte dos seus
concertos en vivo aparece acompañado por algúns dos mellores instrumentistas de
jazz de Suecia, entre eles Lars Gullin ao saxo barítono, Rolf Ericson á
trompeta e Bengt Hallberg ao piano. O resultado é sempre unha música de
indiscutible calidade, e moitas das gravacións contidas na súa extensa
discografía constitúen exemplos perfectos do máis interesante que o bop
escandinavo e europeo tiña que ofrecer. A súa popularidade en Escandinavia,
onde o jazz ten gozado sempre dunha aceptación masiva, levouno a facer xiras
polos Estados Unidos e tamén por Xapón (outro país de notable tradición
jazzística) e a participar en sesións xunto a Jimmy Witherspoon e Clark Terry,
entre outros. Domnérus amosou sempre un profundo interese pola música de Duke
Ellington e gravou máis dun disco adicado ao Duque, pero a partir de finais dos
anos setenta, a influencia dos concertos sacros de Ellington levouno mesmo a
tocar e gravar en directo en diversas igrexas, ao tempo que o seu son comezou a
tinxirse de influencias da música tradicional escandinava. Aínda que os seus
derradeiros anos estiveron marcados por unha saúde feble, Domnérus seguiu a
producir discos interesantes case ata a fin da súa vida. Faleceu na capital
sueca en 2008, recoñecido como un dos grandes do jazz europeo e como unha das
inspiracións para as novas xeracións de músicos de jazz escandinavos, cunha
obra sólida tras de si que paga a pena descubrir.
E para facelo, o mellor lugar para comezar é o que os
criticos salientan como o seu mellor traballo: Jazz at the Pawnshop. Rexistrado
en 1977 no Pawnshop Club de Estocolmo, este disco representa un dos puntos máis
álxidos da carreira de Domnérus, ilustrando o seu estilo persoal, a metade de
camiño entre o swing e o bop, mesturando composicións propias con clásicos coma
“Limehouse Blues”, “Lady Be Good”, “Stuffy” ou “Everything Happens to Me”. O
noso home amosa o seu virtuosismo ao clarinete e ao saxo tenor, e está
acompañado por Bengt Hallberg ao piano, Lars Erstrand ao vibráfono, Georg
Riedel ao contrabaixo e Egil Johansen á batería. Todos eles gozan de espazo
para improvisar, con abundantes solos ben imaxinativos e sorprendentes, diante dun
público sempre respectuoso e entusiasta perante o que está a presenciar no
pequeno club. O disco vendeu máis de medio millón de exemplares (podo adiviñar
xa a expresión de incredulidade na faciana de quen estea a ler isto, pero podo
asegurarvos que non, que Domnérus non participou nunca no Festival de
Eurovisión e que ningún dos compoñentes de ABBA fai un cameo no disco; é só
que, como sabemos, “Sweden is different”) e levou á discográfica a editar máis
elepés procedentes destas sesións en vivo. Todos eles están recollidos nunha
caixa de tres CDs e un DVD publicada en 2009 por Proprius Records co gallo do
trixésimo aniversario destas gravacións xa lexendarias. Este é o punto de
partida perfecto para quen desexe entrar no universo musical de Arne Domnérus,
unha viaxe en clave de jazz que recomendo vivamente e que non ha defraudar a
ninguén.
Aínda que os vídeos de Arne Domnérus non son multitude,
déixovos aquí un, gravado durante un concerto en París no ano 2000, no que Arne
toca “When Lights Are Low”, o clásico de Benny Carter, acompañado por Claes
Crona ao piano. Unha verdadeira delicia!