jueves, 13 de julio de 2017

DARDO POÉTICO (XLVIII) A marabillosa sobriedade da poesía de Julio Rodríguez



Hai poetas que crean poemas cunha técnica tan depurada coma fría. Non me interesan demasiado.
     Hai poetas que buscan na artificiosidade chamar a atención dos lectores. Aparentemente demostran un dominio que agocha numerosas eivas. Son excesivos e os deixo fóra dos meus intereses.

     Hai outros que intentan chegar ás vísceras dos seus lectores polo camino máis fácil Empregan unha linguaxe pouco coidada, tocan temas que xa son universais (aínda que non o parezan) e procuran a venda inmediata cun público normalmente adolescente coma obxectivo. Para min non fan poesía e rexéitoos.

     Podería seguir dividindo en grupos a poesía e os poetas pero non vou seguir. Prefiro centrarme naqueles e naquelas que presentan un gusto exquisito á hora de utilizar a palabra poética. Que coidan temas e linguaxe con ideas, con transparencia. Que son conscientes que a poesía é un reflexo da vida. Que a poesía é celebración e unha maneira de coñecernos e ver as cousas dende o enriquecemento persoal que a palabra empregada con autenticidade e coherencia emociona, fai reflexionar, permite que medres internamente. Que rabuñe dentro dunha cierta sobriedade. Que un a sinta preto.

     Isto é, precisamente, o que eu sentín diante da poesía do poeta asturiano Julio Rodríguez. Unha poesía que me permitiu seguir amando a palabra e o que conleva. Amor, dor, morte e outros temas conviven no seu discurso dun xeito próximo e fascínate. En Julio Rodríguez, nos seus versos non falta nin sobra nada. Poemas sinxelos, sen foguetes que a nada conducen. Poemas que fulminan, que entran coma un dardo para removerte.
     

      Así me pasou no primeiro dos seus poemarios que lin, Naranjas cada vez que te levantas (Premio de Poesía Alarcos, 2007) e neste marabilloso e envolvente Doméstica, co que acadou o XVI Premio de Poesía Ciudad de Mérida e que publicou no seu momento DVD Ediciones.
     Por iso, quérovos convidar a que entredes neste universo poético tan chamativo. No universo dun poeta que sabe conter os poemas porque rexeita calquera artificiosidade. Porque quere penetrar no máis fondo das persoas. Atentos, ademais a Tierra batida (Visor) premiado coma estes dous dos que falo.

     


     Déixovos aquí un poema de Doméstica. Oxalá vos emocione como a min. Con poetas coma Julio Rodríguez, a poesía nunca perderá a esencia que lles reclamamos os que non podemos vivir sen ela.




LETRAS  PURAS


Metiéndote en mi lado de la cama,
mientras tientas mi nuca
con cinco dedos como cinco orugas,
me preguntas por qué
prefiero las palabras a los números.
No tardo en contestarte (es tan sencillo
seguirte el juego): “Escucha: prefiero las palabras
porque no son exactas; porque hacen malabares,
porque nadie conoce sus entrañas ni puede
despejar la ecuación de su significado;
porque mi herida es distinta de tu herida,
al igual que mi casa, mi vértigo, mi muerte;
porque dicen tu nombre y es a la vez el nombre
de otras muchas mujeres. Porque la vida, en fin,
es algo impredecible y asombroso
(la precisión es mala cosa).
Por otro lado (ya deberías saberlo
a estas alturas), nunca
se me dieron muy bien las matemáticas”.
Con esa ingravidez que te define
(los ojos entreabiertos del bostezo),
los dedos ya no orugas: mariposas),
das por buena la explicación, apagas
la luz y no hay palabras,
ni números ni falta que nos hace.


                                                              
                        

                                                                                                        ANTONIO GARCÍA TEIJEIRO

domingo, 9 de julio de 2017

EMILIO CARRERE Y LA TORRE DE LOS SIETE JOROBADOS

Emilio Carrere
Algo mitificada a veces por ciertos críticos y literatos como Juan Manuel de Prada en su, por otra parte, excelente libro Desgarrados y excéntricos, la bohemia madrileña de las primeras décadas del siglo XX constituyó, por lo general, un desfile de sablistas y personajes esperpénticos de escaso talento literario. Remito al mencionado estudio de Prada a quienes deseen leer por extenso acerca de algunos especímenes entre los muchos que cultivaron una literatura de ínfima calidad en estos años. Pero, por supuesto, como en todo, hubo también en la bohemia honrosas excepciones, entre las que se cuentan, sin ir más lejos, Alejandro Sawa o Ramón Gómez de la Serna. Y, por supuesto, el escritor que nos ocupa en las siguientes líneas: el madrileño Emilio Carrere, cuyo apellido aparece a veces escrito también como Carrère, con acento grave.


Con su inseparable pipa
Poeta, ensayista, traductor, periodista, colaborador en emisiones radiofónicas, letrista ocasional de zarzuelas y, sobre todo, narrador, Carrere fue uno de los escritores de mayor popularidad del primer cuarto del XX, pese a lo cual se halla hoy prácticamente olvidado. Influida por los simbolistas franceses como Baudelaire y Verlaine, su poesía puede encuadrarse dentro de la tendencia modernista del decadentismo. Carrere tuvo, además, el honor de ser uno de los primeros antólogos españoles de la poesía modernista, al publicar en 1906 La Corte de los Poetas. Florilegio de Rimas Modernas, volumen en el que, claro está, incluyó algunas de sus propias composiciones.


Pero Carrere nos interesa más como narrador, y en ese terreno destacó como creador de novelas cortas, un buen número de las cuales aparecieron en las ya clásicas colecciones semanales a precios populares como La Novela de Hoy, La Novela Corta o El Cuento Semanal. Con una prosa directa, de fácil lectura y párrafos breves—como también breves solían ser los capítulos de sus novelitas—llenos de ingeniosas metáforas, sus obras se adentran en todo tipo de géneros, desde el policíaco al sicalíptico, pasando por la novela de aventuras o de misterio. En algunos de sus títulos se escuchan ecos de Arthur Conan Doyle, Jules Verne o su siempre admirado Edgar Allan Poe, a quien llegó a verter al español en más de una ocasión a partir de la reputada traducción francesa de Baudelaire. Liberal y republicano antes de la Guerra Civil, pese a no escribir casi nunca obras abiertamente políticas, no sintió mayores reparos en arrimarse a los vencedores una vez concluido el conflicto con objeto de mantener su carnet de periodista y poder realizar gestiones para tratar de sacar de aprietos con el régimen franquista a amigos y familiares. Para entonces no vivía ya de la literatura merced a una herencia paterna, y si bien continuó escribiendo y llegó a ser nombrando cronista oficial de la Villa de Madrid, su producción literaria disminuyó notablemente durante la década de los 40 hasta el año de su fallecimiento en su ciudad natal en 1947.


Carrere fue, por otra parte, uno de los mayores maestros en el dudoso arte del refrito, publicando a menudo la misma novela con títulos diferentes y con escasos o nulos cambios. A veces modificaba el final o añadía algún que otro capítulo, o refundía relatos breves ya publicados con anterioridad, pero otras veces no se molestaba ni en eso. Solía también sacar a la luz volúmenes que recopilaban obras ya editadas previamente, en más de una ocasión con la desfachatez de presentarlas como "novelas inéditas". Si alguien le reprochaba tales prácticas, Carrere respondía que se encontraba en su derecho, ya que, a diferencia de los novelistas, los compositores de canciones cobraban derechos de autor cada vez que se interpretaban sus composiciones, por lo cual sus refritos no le causaban el menor remordimiento. Esta particular lógica dificulta exponencialmente la catalogación y el estudio de la obra carreriana, que a simple vista parece ingente pero que no lo es tanto si tenemos en cuenta estas prácticas de autoplagio.


Edición de Valdemar
Maestro como era de la novela breve, Carrere solamente escribió, que se sepa, una novela larga: La torre de los siete jorobados. Y para eso, ni siquiera es completamente de su autoría, como varios críticos se han ocupado de señalar. Publicada por vez primera en 1920, La torre de los siete jorobados está basada en un relato anterior de Carrere titulado "El señor Catafalco", al que el autor fue añadiendo capítulos con objeto de prolongarlo y publicarlo como una novela extensa. Pero incluso con los textos adicionales salidos de su pluma, la obra no alcanzaba la extensión requerida, y al hacer Carrere oídos sordos a las peticiones del editor Manuel Palomeque, éste hubo de procurarse a otro autor que escribiese más capítulos de relleno y retocase mínimamente otros ya escritos. Dicho escritor fue Jesús de Aragón, quien solía firmar sus obras con los seudónimos de "Capitán Sirius" y "J. de Nogara" y cuya carrera literaria todavía no había despegado por entonces. El resultado final fue el texto de La torre de los siete jorobados tal y como se conoce hoy y que pronto se convirtió en uno de los títulos de mayor éxito comercial de Carrere. Se trata de una obra heterogénea que aúna elementos del folletín, de la novela gótica—género no demasiado cultivado en España—, de aventuras, de misterio y policíaca, y que tiene un trasfondo teosófico y ocultista, seudociencias por las que Carrere sentía una gran pasión, como atestiguan decenas de artículos periodísticos y textos literarios suyos.


Edgar Neville
La popularidad de La torre de los siete jorobados llevaría a Edgar Neville a adaptar la novela a la gran pantalla en 1944, más de dos décadas después de su publicación original. La película, hoy bastante desconocida, tiene su interés y, por desgracia, sufrió imposiciones por parte de la censura franquista debido a los elementos fantásticos y ocultistas presentes en su trama que dificultaron el trabajo de adaptación de Neville. Afortunadamente, la novela ha sido reeditada por Valdemar con un estudio preliminar de Jesús Palacios, quien se ha ocupado de sacar a la luz en la misma editorial una serie de volúmenes como La calavera de Atahualpa, Los muertos huelen mal o La casa de la cruz que reúnen relatos y novelas cortas de Carrere, poniendo así de nuevo a disposición de los lectores interesados el imaginativo y siempre entretenido universo literario de este inenarrable bohemio madrileño.




                                                   ANTÓN GARCÍA-FERNÁNDEZ

jueves, 6 de julio de 2017

CATAVENTO DE POEMAS INFANTÍS (LX) Cecilia Pisos








                                        CECILIA PISOS ( Buenos Aires, 1965)





Me dejaste esperando…
Cecilia Pisos
En esa esquina.
Llovía.
Lágrimas secas de rabia.
Caían.
Ni un pañuelo
nube blanca.
Me dejaste esperando…
En esa esquina.
Lloraba.




A una nube
de tu pena
me siento
hasta que aclara.
Luego salimos.
Tú, el sol y yo.




La nube Caperucita
recorre el cielo
de un extremo al otro.
Siempre la acecha
alguna nubelobo.

Nube dragón
tú ves,
yo digo, pajarito:
las mismas gotas
pero con otros ojos.
Ilustración de Diego Bianki





Cuando es invierno
y en medio de la calle
abrimos la boca,
hablamos,
nos salen unas nubes
que envuelven las palabras
para que no nos tomen frío
las cosas que decimos.

Ilustración de Diego Bianki



“¡Siga a esa nube!”, ordené
y me subí al taxi.
En la esquina,
nos estrellamos.
La nube
se posó sobre el accidente
y se desternilló de risa.




(Del libro Nube con forma de nube, editado por Faktoría K de Libros, 2016)

domingo, 2 de julio de 2017

PAPEIS RECOBRADOS (13) "Reivindicando un mestre excepcional: Gianni Rodari"

                             Foto: Anxo Cabada




Un novo “papel recobrado”. Unha figura imprescindible para entender o que significou a renovación pedagóxica: Gianni Rodari.
     
Gianni Rodari

          Non quero ser paxaro de mal agoiro, pero teño para min que este escritor e pedagogo italiano – universal, diría eu- está caendo no esquecemento. E non se pode consentir.
     Sobre todo nestes tempos de ensino inmobilista. Neste tempo de estúpidas reválidas e de informes que confunden o persoal. Neste tempo de noxentas burocracias, de comodidades diversas e de falta de rumbo e de criterio na docencia.
    


     Resístome a que Rodari e mailas súas técnicas tan abertas e motivadoras sexan algo remoto. Non pode ser. Non perderon vixencia endexamais para ese maxisterio que  segue a motivar o seu alumnado máis aló da monotonía e da rixidez do libro de texto


     De aí que recobre outra columna publicada en A Nosa Terra sobre o mestre italiano. Sigamos as súas liñas de acción alegres, intelixentes e divertidas.


                           

                                              GIANNI  RODARI

                            
                                                                                           


Hai xa ben anos, coñecer o seu nome significou unha auténtica revolución para aqueles que desexabamos que a imaxinación, á hora de crear historias, estivese presente nas aulas.
     
     Gianni Rodari, de vocación escritor, sempre quixo que os nenos descubrisen por si mesmos quen son. E non só por medio da lectura, senón tamén a través do uso da palabra, Rodari teimaba con que os nenos escribisen. Por iso, a Gramática da fantasía foi unha descuberta, un libro innovador, no que expoñía as ferramentas necesarias para motivar o alumnado na marabillosa tarefa de crear.
    

     Técnicas, tan simples coma orixinais, que nos permitiron revisar a nosa concepción literaria e que motivaron a escritores,pais e docentes a inventar historias fantásticas e diferentes.
     
     A obra literaria de Rodari, ampla e, ás veces, algo descoñecida, é unha referencia esencial polos seus finais abertos, pola fina ironía que destilan os seus relatos, pola xenerosidade dos  planteamentos, pola cordialidade que desprende e pola súa xenial visión crítica do mundo desde o humor, a fantasía e a imaxinación. Rodari revisouno todo.
     
     El fala dos ensinantes como animadores e promotores de creatividade. E fala, ademais, dunha escola capaz de favorecer nos cativos aquelas cualidades e tendencias que foron sinaladas ao longo do tempo como características do modelo creativo. A creatividade por riba de calquera outra cousa. 

     O seu é un legado con plena vixencia que debemos coñecer e ter presente. Na casa ou na escola, sós ou acompañados, os nenos deberán tomar a palabra.
     
     Para iso están os libros de Rodari.

                                                                                                      
                                                                                                     
                                                                                                     ANTONIO GARCÍA TEIJEIRO



viernes, 30 de junio de 2017

DARDO POÉTICO (XLVII) A voz poética emerxente de Tamara Andrés





É unha voz emerxente que leva a poesía ben dentro.
     Unha desas mulleres novas que precisan expresar con palabras poéticas os seus sentimentos, as súas reivindicacións o seu lugar nunha sociedade tremendamente inxusta.
     Persoas que renovan o xeito de facer literatura, que se comprometen, que procuran obxectivos que cumprir e que os cumpren.
     Tamara Andrés é un exemplo de inquedanza cultural.Un exemplo de persoa que non se resigna a que as cousas non melloren. E faino a través da palabra.
     
     Tamara Andrés (Combarro, 1992) é graduada en Tradución e Interpretación, titulada no Máster Universitario en Estudos Teóricos e Comparados da Literatura e da Cultura e no Máster para o Profesorado. Na actualidade estuda Filoloxía Hispánica e compaxina a súa actividade profesional entre a docencia de linguas, a escritura e a tradución e interpretación.
Tamara Andrés (Foto de Stella Nine)


Como escritora publicou de xeito individual a novela Amentalista e o poemario Nenæspiraes, gañador do Premio Nacional de Poesía O Facho 2015. Outras creacións poéticas súas foron aparecendo en revistas coma Dorna ou Obituario ou na antoloxía No seu despregar. No ano 2017 publicará o poemario Habit(u)ar las casas.
Gañou, entre outros, o IV Certame de Relato Curto organizado pola FANPA de Pontevedra. Acadou o segundo premio do XVII Concurso de Poesía Díaz Jácome para novos creadores no ano 2016 e o primeiro accésit do Premio de relato, poesía e tradución da Universidade de Vigo no ano 2017.
No eido audiovisual foi guionista da curtametraxe Tiempos olvidados e na actualidade forma parte do equipo técnico e artístico da webserie La última piedra. É unha das integrantes do proxecto de contacontos Fedellas.

     Tamara tiña que estar en Versos e aloumiños. Este blog-revista abre a súa ventá a todos aqueles e aquelas que teñen algo que dicir. Ela teno.
     De aí que se lle pedise que nos enviase algún texto da súa creación.
E agasallounos uns poemas que resultaron premiados co 1º accésit dos Premios de relato, poesía e tradución da Universidade de Vigo.
      Publicámolos encantados. Así que  aquí  tedes tres deles para que gocedes coa súa lectura.


Á miña condición
concedéronlle
unicamente
a estreita linguaxe
Xulio García Rivas. "Fervenza". Tinta chinesa sobre papel
do privado.

Renunciei a esa gramática atroz
cortando os seus fíos
coa lingua
o ferro―.

Ao saír da casa,
berrei:
«Por min e mais por todas
as miñas!» ―todas aquelas
ás que non me deixaron
coñecer―.



Espín o xardín
coas mans
e desenterrei
os nomes
das esfolladas.

Enlaceilles os seus apelidos
e inventeilles uns ben bonitiños
ás que llos roubaran.

Pouseilles entre as coxas
Xulio García Rivas. "Paisaxe II" Acrílico sobre táboa
as flores que contradín
a morte eterna,
as flores que plantei
coa avoa cando nena
nun recuncho desta terra.

Ela, que o coñecía todo,
xa me falara do porvir.

As dúas propuxémonos
―prometémonos―
medrar a beleza
e a identidade
para negar
as ondas de sangue
que ela
nunca quixo

nomear.




Coas mans, as mulleres
constrúen ―xuntas―
un idioma de harmonía
e de forza. Logo
arríncanllelas
porque é o pétalo
máis prezado.

A miña avoa,
malia non ser arquitecta,
Xulio Gª Rivas. "Xardín da penumbra XX". Tinta chinesa sobre papel
trazou
con precisión costureira
o plano dun xardín
onde acubillar
o nome
e o florecemento
das esfolladas.

Entón, eu aínda non sabía
que nome tiña meu pai,
algo semellante
―quizais―
a coitelo,
esfollador
ou seitureiro.

A miña avoa,
pola contra,
era
a sementadora
máis importante
de todos os tempos.