martes, 14 de febrero de 2017

REMUÍÑO DE LIBROS (12) "Fred Quincalla, o nómade do mar", de Teresa González Costa





TÍTULO: Fred Quincalla, o nómade do mar.

AUTORA: Teresa González Costa.

ILUSTRACIÓNS: Marina Seoane.

EDITORIAL: Edicións Xerais. Colección: Sopa de libros.



Edicións Xerais achégalle ao público infantil esta fermosa historia da man dunha escritora ben coñecida no panorama da LIX das nosas letras Teresa González Costa.
 
Teresa González Costa

          Desta volta preséntanos a Leopolda Diéguez unha prestidixitadora das palabras que crea para o seu amigo, cociñeiro e fuxitivo da inxustiza  o Gran Gogol, a historia do autómata Fred. E así ,seguindo a tradición oral dos conta contos, viaxamos ao mundo do noso protagonista Fred. 
Ilustración de Marina Seoane

     Este é un autómata que vive na Illa Mecánica onde todos os seus autómatas habitantes son perfectos: os seus físicos e as súas obras non teñen ningún tipo de erro. Tampouco coñecen o significado de palabras coma o medo, alegría ou tristura. Pero non aturan a Fred porque el é imperfecto, tanto no seu aspecto externo (feito de anacos de madeira e metal dun afundido barco pirata), coma na súa maneira de ser: gústalle ler, pensar, dialogar. Ao decatarse de que non encaixa, Fred decide marchar en busca do seu sitio. Deste xeito percorrerá diferentes illas e vivirá aventuras nas que coñecerá en primeira persoa a inxustiza, a intolerancia ou a envexa pero tamén o valor da amizade, a constancia e o esforzo cotián para conseguir sentirse a gusto co que un é e ser, deste xeito, feliz.

     Teresa González Costa cunha linguaxe clara, directa e non exenta de humor (nos nomes e nas situacións) perfectamente captado polos lectores infantís, reivindica un mundo máis xusto, onde o código de actuación sexa polos méritos persoais, non polas aparencias, onde a discriminación non exista e a pluralidade sexa a suma dos diferentes elos que conforman a engranaxe da vida.
 
Ilustración de Marina Seoane
     As ilustracións evocadoras, fermosas e vivas de Marina Seoane dotan de cor a vida dos personaxes e complementan o ton textual.



                                                                                                                                                 ALBA  PIÑEIRO

domingo, 12 de febrero de 2017

CATAVENTO DE POEMAS INFANTÍS (LV) Beatriz Giménez de Ory







                              BEATRIZ GIMÉNEZ DE ORY  (Madrid, 1972)





PARA SER PIRATA
Beatriz Giménez de Ory



Ten un barco
(con olas
para llevarlo).
Ten un sombrero de ala,
ten una pata de palo,
ten barba de veinte días,
ten un parche, ten un garfio,
ten el mapa de una isla,
ten un tesoro enterrado,
ten un ojo de repuesto
y un catalejo oxidado,
ten mil amigos del alma
y un enemigo malvado.
Pero, sobre todo: el barco.
Con olas para llevarlo.





AMIGOS DEL ALMA



¿Quién luce en la noche bruna?
la luna.

¿Quién no para de bailar?
La mar.
 
¿Quién silba siempre contento?
El viento.

Entre todos los prefiero,
son mis amigos del alma,
los que tanto me acompañan:
la luna, la mar, el viento.






CUENTA EL NÁUFRAGO



Un sol,
dos mares,
tres cocoteros,
cuatro volcanes,
cinco tesoros,
seis huracanes,
siete lagartos,
ocho alacranes,
nueve escondrijos,
diez soledades.




Ilustración de Carole Hénaff


CON EL OJO DEL PARCHE



Veo la noche,
veo el betún,
veo la barba
de Barbazul.
Veo a los mirlos,
veo la brea,
veo a dos cuervos
en una cueva.
Veo la tinta,
veo un manchón,
veo a cien buitres
en procesión.





(Del libro Para ser pirata, editado por Ediciones SM, 2016)






jueves, 9 de febrero de 2017

"LISBOA, UN VIAJE ESCRITO EN EL ROSTRO", un texto evocador de Juan Carlos Martín Ramos

El autor, Juan C. Martín Ramos divisa Lisboa.

Con motivo da súa primeira visita a Lisboa, Versos e aloumiños pediu ao magnífico poeta e amigo deste blog-revista, Juan Carlos Martín Ramos, que puxese por escrito algunhas das vivencias e emocións que a súa estadía na “cidade da luz” lle provocaron.

     Coa súa mestría escribindo, co seu amor pola literatura, pola súa enorme capacidade de evocación e polo afecto que nos vencella, Juan Carlos escribiu este fermoso texto que podedes ler deseguido.

     Un texto fermosísimo que nos introduce con agarimo nunha cidade ateigada de recunchos, de sorpresas, de beleza e de misterios.

     Un texto que nos fai querer moito máis, se cadra, a Lisboa.

     Grazas, mestre.







         
                              LISBOA, UN VIAJE ESCRITO EN EL ROSTRO

                                                                 
                                                                                                “Me gustaba mucho leer el viaje en el rostro de los demás”
                                                                                                                                                                      A. T.

                                               
                                                                                                   1


Antonio Tabucchi
El escritor italiano Antonio Tabucchi, en su libro “Viajes y otros viajes”, hablando de quienes van de excursión a algún lugar de interés artístico, histórico o natural situado a pocos cientos de kilómetros de su habitual población de residencia, dice lo siguiente: Más de una vez he ido a esperar el autobús que volvía de algún sitio, fingiendo que esperaba a alguien aunque no esperara a nadie, para observar a las personas que bajaban. En sus rostros había asombro, exaltación, cansancio (…): se nota que han ido realmente de viaje. Y añade: En cambio, y por el contrario, he tenido ocasión de observar a ciertas parejas jóvenes, de hoy en día, que acaso no han visto nunca los Uffizi o el Coliseo pero que cuando se casan se van de luna de miel a las Seychelles o a las islas Comoras. Cuando regresan, en sus rostros no hay nada escrito. (…) Lo único que se aprecia es que están muy morenos. Idéntico resultado podrían haberlo obtenido quedándose sentados en el patio de su casa o en la terraza.


     
     Quiero aclarar, antes de nada, que nunca he estado en las Comoras ni en ninguna de las ciento quince islas Seychelles. Y puedo afirmar sin morderme la lengua que  no tengo un especial interés en ir hasta allí. Pero debo confesar que, al escribir esta pequeña crónica, el comentario de Tabucchi me provoca un perturbador sonrojo, porque no encuentro ningún argumento plausible para explicar el hecho de que ésta haya sido, a mis  años, la primera vez que voy a Lisboa. De pronto he sido consciente de que no haber estado nunca en Lisboa era una circunstancia incomprensible en mi biografía, como también lo es en la de cualquier persona -española, por ejemplo- que viva a tan sólo unos cientos de kilómetros de una ciudad tan fascinante.

     
     Nada más llegar a Lisboa, me invadió una profunda y saludable sensación de alivio. No por sentirme como en casa, no porque me diera seguridad reconocerme en todo aquello que me resultaba familiar y cercano. Todo lo contrario. Esta gran sensación de alivio, de bienestar interior, de inesperada reconciliación con la especie humana, era consecuencia de todo aquello -usos y costumbres en particular- que, a pesar de las semejanzas aparentes, le confieren a la realidad de Lisboa una dimensión extraña y lejana en el tiempo y en el espacio.


     
     Paseaba por las calles de Lisboa con ojos nuevos o, mejor dicho, con una mirada recién estrenada. Me sentía en un estado de consciente y razonable (permítaseme que utilice ahora una palabra que ya no viene en el diccionario) felicidad. ¿Me parecía que la vida era más fácil? No hay que exagerar, pero hasta rebullía dentro de mí un vigoroso impulso de subir cuestas y más cuestas, y luego bajarlas, y luego subirlas, y luego volver a bajarlas, y luego volver a subirlas y a bajarlas y a subirlas una y otra y otra vez, encontrando de paso algún lugar inolvidable que no buscaba o perdiéndome por el camino tras preguntarle a un guardia por una dirección concreta que nunca encontré.
 
El autor escribe
     Deambulando por Lisboa, fui construyendo a mi alrededor mi propio laberinto y casi podría asegurar que, en más de una ocasión, me crucé conmigo mismo y hasta tuve la tentación de saludarme con la mano. De aquí a ponerle un nombre diferente a mis otros “yos” y a inventarme vidas y versos paralelos para cada uno de ellos, me faltaron apenas unos cuantos metros de adoquines portugueses. Ahora lo entiendo. Así cualquiera, don Fernando.
 
Fernando  Pessoa
     Tengo además la sospecha de que el poder benéfico de este hechizo lisboeta, que me permitió ir estrenando a cada paso novedosas y reconfortantes sensaciones y vivencias, no se activó sólo porque fuera mi primera vez, sino que sus efectos volverán a reproducirse cada vez que regrese a Lisboa. Y volveré, claro que volveré, para seguir tocando con  la punta de los dedos todo aquello que aquí ya no existe o nunca existirá, para seguir reconociéndome en el espejo de quienes pudimos ser y ya nunca seremos, para seguir sintiendo como algo propio todo aquello que por suerte aún nos diferencia.

                                                                                            2


     Con motivo de las 200.000 visitas (cifra, a estas alturas, ya ampliamente superada) de “Versos e Aloumiños”, las fuerzas ocultas de este blog me pidieron una breve crónica de mi primer viaje a Lisboa. Releo lo escrito y soy consciente de que más que la crónica de un viaje es el relato íntimo de un desahogo. O de un deslumbramiento.



     Así que para que no parezca que mi intención ha sido callarme todo lo que hice en Lisboa, añadiré que, si alguien tiene alguna duda de que todo lo que he dicho es cierto, puede comprobarlo personalmente yendo a uno de los lugares a los que yo fui, en mi caso, siguiendo una pista que encontré en un artículo de Antonio Muñoz Molina. No diré cual.
 
Lurdes abraza a don Fernando

       Se trata de un pequeño y modesto restaurante de barrio. Tampoco diré su nombre. De acuerdo, ya lo sé. Dirás, querido lector, querida lectora de este blog, que no te pongo nada fácil llegar hasta allí, pero déjate llevar, te bastará encontrarlo y ponerte a la cola. Cuando te hayas sentado a la mesa, ocupando gozosamente el hueco que te hayan asignado, apenas tendrás que esperar. La maquinaria invisible de esta experiencia inolvidable se pondrá en marcha por sí sola. Todo sucederá en este lugar de tal manera que, por más escéptico y receloso que hayas llegado hasta su puerta, el arco de tu entrecejo se abrirá en libertad como una sonrisa sobre tu frente ante la certeza de que la realidad -gracias a las cosas y a las personas que allí forman parte de ella- puede ser profundamente hermosa.

     


Y, a modo de colofón, aportando a esta crónica una prueba más de que yo realmente estuve en Lisboa y, por tanto, me he sudado mi salario como corresponsal de “Versos e Aloumiños”, extraeré de mi cuadernillo de viaje este poemita ocasional donde queda reflejada la esencia de mis andanzas y desandanzas lisboetas y donde, además, llevo a la práctica uno de mis mayores descubrimientos en este viaje. Que Lisboa y Pessoa, tomad buena nota,  riman entre sí.

 
                                      LISBOA-PESSOA

¡Ay, Lisboa, boa, boa!,
sube y baja por tus calles
el sombrero de Pessoa.

Rueda y rueda con el viento
desde Alfama hasta Belém,
sube a veces en tranvía
y otras baja entre los pies.

Desde el puerto hasta el castillo,
desde Estrela hasta la Sé,
y por la Feira da Ladra
fingiendo ser más de cien.

Ruedan, vuelan, se entrecruzan,
¡ay, Lisboa, boa, boa!,
dentro de tu laberinto,
los sombreros de Pessoa.



Sí, Antonio Tabucchi, tú podrías leer en mi rostro, con pelos y señales, la historia mágica de mi primer viaje a Lisboa.


¡Lisboa, muito obrigado!



lunes, 6 de febrero de 2017

REMUÍÑO DE LIBROS (11) "A soidade das medusas", de Iria Collazo López






TÍTULO:  A soidade das medusas

AUTORA:  Iria Collazo López

ILUSTRACIÓNS: Luz Beloso
EDITORIAL: Galaxia
COLECCIÓN:  Costa Oeste

Sorprendérame coa novela Coma unha áncora (Galaxia, 2015) pola súa pulcritude lingüística e a capacidade de artellar unha obra de debut excelente.
     Iria Collazo López (Bueu, 1981) conseguiu darlle a unha historia mariñeira arredor dun naufraxio un plus de literatura amorosa dunha enorme forza. Pensei, axiña, que estabamos diante dunha narradora cunha potencia narrativa exemplar e cun futuro excepcional na nosa literatura.

Iria Collazo López
     
     Acabo de rematar un novo libro desta autora. Un libro de relatos moi especiais. Unha literatura de personaxes e de espazos que teñen vida de seu. Acabo de rematar, pois, A soidade das medusas (Galaxia, 2016), unhas historias que me fan pensar, que deixan portas abertas ao inexplicable, que presentan encrucilladas que levan o lector a asumir se existiron ou non.
     Personaxes estes e estas de A soidade das medusas que procuran entenderse a si mesmos e, ademais, comprender o que domina os seus universos particulares. Non sempre o conseguen.
     
     
Son seis relatos independentes pero que teñen algo en común. Algo que, dalgún xeito, os encadea. Por exemplo, o primeiro, “Náufrago”, posúe unha intensidade dramática evidente. Un escritor está pechado contra a súa vontade nun apartamento no medio de rañaceos que o afogan. (“Confuso, tatexa algo inintelixible durante un breve lapso de tempo mentres lle tremen as mans. Está pálido e débil…”) a autora describe marabillosamente o estado de ánimo do protagonista, crea un espazo opresivo e consegue darlle un ton angustioso nada doado. O lector entra no apartamento e chega a sentirse abafado polas circunstancias. Excelente.
     
     Nos demais aparecen personaxes na procura de obxectivos persoais: unha fotógrafa, Helga Sjörgen, pretende voar por riba das cabezas que a liberaran sen mirar nunca atrás (e estará esta muller relacionada con outro personaxe dun relato do libro?). Unha pianista de éxito (poderá ser contada a súa historia?) vive unha situación confusa na que, tras ver unha imaxe nun espello, sabe que vai deixar de existir. Un vello inconsciente no hospital, co seu xenro á beira, provoca nel desexos de que non esperte, mais o ancián abre os ollos de súpeto, fíxaos durante moito tempo e semella querer recuperar o tempo perdido… E así, todos e cada un deles. Razóns para sentírmonos setres humanos nas nosas deficiencias.
      
     Seis relatos que, dende logo, teñen un leve vínculo entre si. Seis relatos dunha intensidade narrativa enorme. Seis relatos nos que “un elemento inquietante” está presente para desconcerto dos seus protagonistas. Seis relatos que acadan momentos de tensión, medo ou desacougo. Seis relatos moi ben escritos por Iria Collazo López que arrisca (non é un libro que se lea sen prestar moita atención), que ten ambición literaria, que sacode o inmobilismo lector, que demostra que vai camiño de ser unha das voces narrativas máis importantes da nosa LIX.

     Bo complemento son as ilustracións da magnífica Luz Beloso. posúen unha expresividade digna de atención. Unha boa escolla a desta ilustradora que neste libro dá un ton vitalista e moderno ás súas imaxes.

                                                                                                                                  (Dúas ilustracións de Luz Beloso)
                                                                                                  

                                                                                                      ANTONIO  GARCÍA  TEIJEIRO

domingo, 5 de febrero de 2017

ESCAPARATE POÉTICO (XCV) Modesto Fraga






                                        MODESTO  FRAGA  (Fisterra, 1974)





NOITES DE SHEREZADE



Creme cando che digo: “o noso amor
é un barco no devalo das mareas,
o aroma que devén das nosas veas
Modesto Fraga
inzadas de salitre, no solpor”.

Creme cando che digo con fervor
en medio de arroaces e baleas
a carón de corais, cunchas e areas
“canto custa instalarse no amor!”.

Quixera ser Simbad, aquel mariño
intrépido das mil e unha noites,
viaxar contigo alén da eternidade;

quixera camiñar sen que me escoites,
soñar que un día fuches Sherezade
e o noso amor un cálido aloumiño.






PEXEGUEIROS EN FLOR



No tempo dos aromas matutinos
por mananciais e ríos fun buscarte
percorrín mar e terra ata encontrarte
entre salgueiros e vizosos pinos.

Pexegueiros en flor, zumes salinos
pétalos deliciosos, flor e arte,
unha paisaxe enteira para amarte
nesta nudez de cánticos divinos.

Caen lentas as follas. Sabe a outono
a seca frouma, cálida ambrosía
dos corpos que se anhelan vivamente.

Non quero despertar, prefiro o sono
a deliciosa chuvia fuxidía
que esvara dos teus seos, paixón ardente.





SE ALGÚN DÍA


Se algún día nos faltan as palabras
que falen os silencios e os sentidos,
as paredes da casa, a vella lámpada
o vetusto almanaque ou esas fotos

tinguidas de inocencia en branco e negro,
como aquela canción das nosas vidas
que sabiamos case de memoria,
de Pablo Milanés, lembras amor?

Se algún día nos faltan as palabras
deixemos que nos falen os murmurios,
os cantos dos paxaros, a chorima,

o mar, o vento, o río, aquelas cousas
que sempre compartimos, o que queda
se algún día nos faltan as palabras.





ADAGIO DE OUTONO
Modesto Fraga (Imaxe Xaime Ramallal)


Eu quédome contigo, co teu sono,
coa partitura alegre que mereces
porque despois de todo permaneces
en medio deste adagio neste outono.

Eu quédome contigo e reflexiono
nas horas compartidas nas que ás veces
sinto que te me vas cando apareces
nas notas musicais das que son dono.

Eu quédome contigo, co teu canto,
coa melódica voz que se derrama
e intúo vir, pois sempre vai comigo

como esa tenue luz que adoro tanto;
canda a última canción do pentagrama
sempre e despois, eu quédome contigo.






(Do libro Adagio por outono, editado por Alvarellos Editora. “1º Premio XLI Edición Certame literario Concello de Vilalba”)