Non sei se estou de paso simplemente; se esta viaxe, arredor de min mesmo, ten data de caducidade. Síntome agardar pola luz
dos contos amarelos, polo gris das tormentas presentidas, pola maxia que producen os beizos en movemento cando teñen algo que bisbar. Síntome fóra deses sismos interiores que semellaban os galopes de cabalos cegos e negros. Escoito as voces daquelas cortinas rabuñadas polas dúbidas que agochaban o cascallos dos invernos incubados polas xeografías imposibles. Non sei se estou de paso simplemente, pero quero escribir ao pé das esfinxes esas palabras anoadas á intemperie que endexamais puiden pronunciar sen sentirme un impostor. * * * Ver paxaros queimados polo ceo lévame a unha rebeldía sen rostro que me vai permitir borrar os laios covardes e facerme forte perante os ollos húmidos do medo. * * *
Fotos: Susi F.D.
Hoxe non é pasado pero onte tampouco o foi. No medio dun mar sen ribeiras nin límites e co equilibrio agonizante das mentiras sinto que a vida nos pertence sen escusas no presente. No principio e sen asombro, tecendo sen preguntas a nostalxia, está a observarnos ameazante o espectro do futuro.
Mi vida ha sido, entre muchas otras cosas, una búsqueda constante de la belleza. La belleza es para mí un concepto que une ética y estética. Si no es así, algo falla. Algo que hace cosquillas suavemente. Que te mantiene en un estado de bienestar, pero no de autocomplacencia. Que te permite ver las distintas caras de la existencia.
Ingmar Bergman
A mis hijos intenté educarlos en lo bello. Y nunca me he arrepentido. A mis alumnos les enfoqué la palabra literaria hacia lo bello (que no quiere decir lo complaciente), con un resultado más que positivo. En Lorca me agarré a la belleza de sus imágenes. Al color. A la luz. Con Rosalía penetré en la belleza del dolor, de la impotencia, de la palabra honda y sincera. Con Alberti saboreé la belleza del mar, del azul y de la sal. Beethoven me enredó en la belleza de lo pasional, de los sentimientos más profundos del ser humano. Picasso, en la belleza de la ruptura. Bergman, en la belleza de la expresión atormentada. Y así tantos personajes que llenan mi vida de hermosura y le dan sentido.
Foto: Susi F.D.
Creo en la belleza de las notas, de los gestos, de los besos.
Creo en la belleza del mar, de una mirada, de un saxo, de una flor. Y en la belleza de una estela, de un verso, de la noche, de una puesta de sol, de las formas de las nubes. Pero además, y sobre todo, en la belleza de las actitudes del ser humano cuando son auténticas. Recuerdo una canción de mi querido y admirado Luis Eduardo Aute, La belleza, en la que hay unos versos que dicen: (...) Antes iban de profetas y ahora el éxito es su meta; mercaderes, traficantes, más que náusea dan tristeza, no rozaron ni un instante la belleza. (...) Reivindico el espejismo de intentar ser uno mismo, ese viaje hacia la nada que consiste en la certeza de encontrar en tu mirada la belleza.
Hoy, leyendo ese libro del que hablé en otra postal, El canon abierto. Última poesía en español, me he topado con un hermoso poema del escritor boliviano Gabriel Chávez Casazuela. Su título es "No". Me lleva de nuevo a una reflexión sobre el concepto de belleza en un mundo que parece ensalzar lo feo. Así que escribo unos versos de este poema y espero que disfrutéis con ellos. (...) La belleza está en los ojos del que mira, en el preciso y precioso jaspeado del iris de sus ojos, en el corazón de su pupila, en las líneas nerviosas diminutas que conectan el ojo con la mente. La belleza no está en el mundo por sí misma y para sí. (...)
Y mientras, una música muy bella ocupa el aire de la habitación en la que escribo. Se trata de jazz del bueno. El trompetista Billy Butterfield y el pianista Dick Wellstood tejen unos hermosos duetos en su álbum titulado precisamente Duet. ¡Pura belleza!
Hubo un día en el que fuimos a comer a un pueblo cercano a Martin: Union City.
Entramos en un mexicano excelente. En el coche Antón fue pasando de una emisora de country (sonaron Don Williams con Emmylou Harris, Tom T. Hall y Ronnie Milsap, entre otros) a Elvis Radio, esa emisora que mantiene vivo el legado del genio de Tupelo.
La estancia en el restaurante resultó entrañable. Dos camareros, meseros, dicen ellos, que disfrutaron charlando con nosotros.
Ronnie Milsap
Santiago, uno de ellos, es un fan acérrimo de Sabina y demostró un conocimiento de la música en español al hablarnos de Serrat, de Aute o de Pablo Milanés. Y añadió, además, que le gustaba la poesía. Pero lo que más nos sorprendió fue la pregunta que, al saber que éramos españoles, nos hizo sobre los intentos de independencia de ciertos territorios de España. Curioso. No nos lo esperábamos y él quería saberlo de nuestra propia voz. Daba gusto platicar con él.
Susi, tan perspicaz como siempre, empleó una palabra que definió al joven de Monterrey: ternura. Sí, es verdad, este chico provocaba ternura y se le veía muy inteligente.
Y Sabina apareció otra vez. El de Úbeda, siempre presente en este viaje. Desde que salí de Vigo no dejo de tararear unos versos de "Con la frente marchita": Iba cada domingo a tu puesto del Rastro a comprarte / carricoches de miga de pan, soldaditos de lata...
Y el bueno de Santiago lo ensalzaba con ilusión. Tiene casi todos sus discos y algún que otro libro.
Roger, el otro mesero que nos atendió también, habló y habló encantado con nosotros. Nos contó ciertos pasajes de su vida. Se sentía muy dolido porque consideraba que no había hecho lo suficiente para que su hija hablase español. Ahora sólo lo hacía en inglés. Le daba muchísima pena. Nos contó que sus padres vivían en México, en un rancho, y estaban en este momento con sus diez nietos. Y comentó, además, que le parecía muy bien que sus hijos pasaran el tiempo con ellos disfrutando de la naturaleza y un poco alejados del exceso de tecnología.
Susi acertó. Estas conversaciones se hallaban llenas de ternura. Da gusto encontrar a personas con este talante. Tienen muy vivos sus sueños y ¡tanto que contar!
Y disfrutan conversando con personas que las escuchan con cariño. Eso hicimos nosotros porque nos sentíamos muy felices participando de sus vidas.
También salió el fútbol, claro. Uno, de los Tigres. El otro, del Cruz Azul. Yo, del Celta de Vigo. Y salió Galicia, y les hablé del mar. Y Monterrey. Y Chicago.
En fin, un auténtico placer.
No me olvido, tampoco, de que comimos de maravilla.
Volvimos muy contentos a Martin a través de carreteras interminables. Eso sí, entre árboles, plantaciones, llanuras extensas, pero verdes, muy verdes. No podemos olvidar que estamos en Tennessee, llamado precisamente "el estado más verde". Dicen que llueve mucho. Se agradece este color que huele a vida.
En el coche sonaban "Kentucky Rain", "Trouble", "Suspicious Minds" o "Hurt". La voz del gran Elvis Presley envolvía de hermosura la atmósfera encantada que se creó en Union City.
Soa Count Basie, un músico admirable de primeira magnitude.
Emocióname.
Un disco fermoso de jazz cobre a sala.
Sesións en pequenos grupos dirixidos polo mestre de Kansas City. Ambiente ateigado de enerxía e de optimismo. Destaca o órgano de Basie fundíndose coa maxia do gran Oscar Peterson ao piano.
Paul Quinichette deixa oír o seu saxo, dándolle ao tema un ton efectista e compacto.
Escoito a Buddy Rich na batería levando un compás delicadamente sedutor. Outros intérpretes axudan a enriquecer as pezas deste fermoso disco.
Deixo o libro que teño nas mans e entrégome a unha escoita profunda. Comezo a camiñar polo ritmo de Extended Blues e intento afastarme da realidade que me envolve. Todo é música.
Acaríñanme as notas con dozura e sinto un pracer de explicación imposible.
Ai, a música! Sempre está ateigando este lugar tan entrañable. Esta casa que desprende calor humana cada minuto.
A música que non deixa de crear atmosferas de profunda felicidade.
O poder das melodías, a pulsión dos instrumentos, a autenticidade da creación artística.