Como siempre que nos acercamos a los últimos compases del año, escuchando los villancicos interpretados por Bing Crosby o por Frank Sinatra que para mí son sinónimo de la Navidad y del frío invernal, uno echa la vista atrás y recuerda, casi sin querer, casi por sorpresa, ciertas cosas que creía ya olvidadas. Uno de estos recuerdos me lleva irremediablemente a aquellos años de infancia en los que la Navidad suponía algo casi mágico para mí, unas fechas que mi hermana, Noa, y yo esperábamos con enorme ansiedad. Y la llegada de la Navidad y de Papá Noel y de los regalos la anunciaba mi padre, todas las mañanas del 24 de diciembre, mediante la lectura de ciertos libros de temática navideña. Cada Nochebuena, mi madre trabajaba en el hospital, pero mi padre, que era profesor y escritor, estaba de vacaciones, así que Noa y yo nos encaramábamos a su cama en su habitación, y él desplegaba ante nosotros toda la magia contenida en una serie de libros navideños que, por mucho que pase el tiempo, siguen y seguirán grabados en mi memoria. Pero entre todos ellos, había uno que nos gustaba especialmente: un cómic que casi no tenía texto porque no lo necesitaba, porque los dibujos casi tenían vida propia y ocupaban el lugar que en los otros libros les correspondía a las palabras, porque realmente eran dibujos que hablaban. El libro en cuestión se titulaba simplemente Papá Noel (Father Christmas en la versión original inglesa) y era fruto del ingenio del gran ilustrador británico Raymond Briggs.
El escritor e ilustrador Raymond Briggs
Por supuesto, en aquellos momentos ni mi hermana ni yo teníamos ni idea de quién era el tal Raymond Briggs, pero a mí al menos me parecía que tenía que tratarse de un señor indudablemente especial, pues tenía noticia de primera mano acerca de la rutina que Santa Claus seguía año tras año para llevar regalos a todos los niños del mundo en una sola noche. Nacido en Wimbledon en enero de 1934, Briggs se interesó desde temprana edad por la ilustración y decidió dedicarse profesionalmente a dicha actividad pese a que a sus padres no les hacía demasiada gracia tal elección. Si bien estudió Bellas Artes en el University College londinense, no era la pintura, sino más bien la ilustración, lo que le atraía, y pasó gran parte de la década de los años sesenta realizando todo tipo de ilustraciones para diversos libros, creando poco a poco un estilo que pronto acabaría resultando inconfundible.
Su primer trabajo de verdadera importancia, y el que mayor éxito le granjeó fue precisamente ese Father Christmas, publicado originalmente en 1973, y que a mi hermana y a mí tanto nos gustaba y divertía. Ya en 1966, Briggs había sido galardonado con la Kate Greenaway Medal, premio otorgado al mejor ilustrador británico del año, y en 1973 se colgó de nuevo la preciada medalla, en esta segunda ocasión por su libro sobre las andanzas de Papá Noel. Tal fue el éxito de Father Christmas que el libro llegó a inspirar un corto de animación, creado en 1991, e incluso un segundo libro, Father Christmas Goes on Holiday (Papá Noel va de vacaciones), publicado en 1975, y en el que Briggs nos cuenta las delirantes dificultades con las que se enfrenta Santa Claus al tratar de pasar desapercibido entre la muchedumbre cuando decide irse de vacaciones.
Pero en Father Christmas, el primer libro que Briggs dedicó al personaje, Papá Noel no se va precisamente de vacaciones, sino que se dispone a hacer su trabajo anual de repartidor de ilusiones, y entonces podemos verlo desde que suena su despertador la mañana del 24 de diciembre hasta que se prepara para volver a dormir durante 364 días a la mañana siguiente. Briggs nos dibuja a un Papá Noel cascarrabias y protestón, al que le gusta el licor, pero que al fin y al cabo, es un hombre bonachón y entrañable. Su palabra favorita es maldito (blooming, en el original inglés), que aplica a las propias Navidades que le obligan a desplazarse por los cuatro continentes y, en general, a cualquier cosa que le ocasione problemas o contratiempos en el transcurso de su trayecto. De niño me resultaba tremendamente divertida y curiosa la imagen de un Papá Noel a quien no le gustasen las Navidades, algo que, lejos de parecer extraño a mi mente infantil, tenía toda la lógica del mundo, ya que ése era el único día de trabajo para el hombre de las barbas y el traje rojo. Los dibujos precisos, expresivos y siempre atentos al detalle conforman un magnífico retrato de Santa Claus que todos los niños y niñas deberían conocer. Ya octogenario, Briggs vive hoy en día en Sussex, y aunque su ritmo de trabajo ha dismunuido notablemente, continúa escribiendo e ilustrando libros. Otros títulos suyos de interés son The Snowman y Fungus the Bogeyman, adaptados ambos al cine, y el primero publicado en español y catalán.
En un momento en el que prácticamente cualquier celebridad
de cualquier estilo musical imaginable, desde Michael Bublé hasta los Tres
Tenores, pasando por Elvis Presley, Lady Gaga, George Michael o Raphael, ha grabado al
menos un tema navideño (cuando no, discos enteros), parece impensable que haya
habido un tiempo en el que la industria discográfica no hubiese explotado
todavía ese filón que, en todas sus vertientes comerciales, es la Navidad. Pero
así fue al menos hasta 1935, cuando Bing Crosby registró “Silent Night” (la
popular “Noche de paz”) y “Adeste Fideles”, esta última cantada tanto en latín
como en su versión inglesa titulada “O Come All Ye Faithful”. El éxito de
dichas grabaciones demostró al menos dos cosas a los ejecutivos de Decca, el
sello que tenía a Crosby bajo contrato exclusivo: que este tipo de música tenía
un innegable tirón entre el público y que estos discos resultaban especialmente
rentables debido a que la gente los volvía a comprar cada año al acercarse el
mes de diciembre.
Irving Berlin
En nuestra historia hace entonces acto de aparición Irving
Berlin, uno de los compositores de música popular más importantes del siglo XX.
En 1942, el amigo Berlin, un inmigrante ruso asentado desde hacía tiempo en
Estados Unidos y uno de los pilares de la factoría musical del Tin Pan Alley
neoyorkino, compuso una canción que para siempre estará tan identificada con la
Navidad como el Portal de Belén, Papá Noel o el carbón que traen los Reyes
Magos a los niños cuando se portan mal. Hablamos, por supuesto, de “White
Christmas”, un tema que es sinónimo de las fiestas navideñas hasta tal punto
que nos hace olvidar que, por lo menos en la mitad del planeta, la Navidad no
es blanca y los trineos no hacen surcos en la nieve, sino que el personal quizá
está tomándose un vodka con hielo o tumbado al sol en una hamaca en la playa
mientras espera que Santa Claus se acerque con sus renos. Dicha canción ha sido
grabada por cientos de artistas diferentes en docenas de lenguas, pero la versión
original de Bing Crosby sigue siendo la mejor y continúa entrando en las listas
de éxitos periódicamente.
Los amantes de las estadísticas aseguran que es el single
más vendido de la historia y yo no tengo razón alguna para dudar de ello,
especialmente teniendo en cuenta que la de Bing es la primera y más popular
grabación de la “Blanca Navidad” y Decca la ha reeditado religiosamente todos
los años. Incluso existe un libro escrito por Jody Rosen que explora la
historia de la canción; a primera vista podría parecer que Rosen trata de
marear la perdiz demasiado, pero la verdad es que es un estudio muy interesante
que, por desgracia, sólo se ha publicado hasta el momento en inglés. Crosby
introdujo la composición en una de sus mejores películas musicales, Holiday
Inn, en la que aparecía ni más ni menos que con Fred Astaire. La banda sonora
de dicho film corría a cargo del propio Irving Berlin, quien, aprovechando el
éxito de “White Christmas”, crearía otro musical homónimo varios años después,
también con Bing como protagonista flanqueado por Rosemary Clooney y Danny
Kaye. Ambas películas son muy recomendables en estas fechas, y yo las veo todos
los años, junto con Qué bello es vivir, El bazar de las sorpresas y Milagro en
la calle 34. Como ven, soy un tipo de lágrima fácil, algo que, por otra parte,
no me molesta en absoluto admitir.
Bing y Fred
Aunque no figura en todos y cada uno de ellos, prácticamente
cualquier disco navideño que se precie debe incluir una versión de “White
Christmas”. En España—¿cómo no?—la Navidad nunca sería lo mismo sin la voz de
Raphael y el de Linares también grabó su versión del tema de Irving Berlin, si
bien ésta palidece al compararla con su “Canción del tamborilero”, que no es
solamente que marque un antes y un después en la música navideña en castellano,
sino que (rom-pom-pom-pom) es una pieza absolutamente atemporal, más o menos—y
salvando las distancias—como el “White Christmas” de Crosby. Pero en el resto
de este artículo, en el que les ofrezco una lista de mis álbumes navideños favoritos
sin seguir ningún orden particular, omito a Raphael y a cualquier cantante que
no sea estadounidense. Esta delimitación geográfica y lingüística se justifica
porque el caudal de grabaciones navideñas ha sido desde siempre muy denso en
Estados Unidos, donde este tipo de discos constituye todo un subgénero musical.
Vamos, que a pesar de que los Reyes Magos no lleguen a estas tierras sobre sus
camellos, los americanos son los reyes de la Navidad tal y como Georgie Dann lo
es del chiringuito veraniego. De hecho, hasta Bob Dylan ha editado un disco de
Navidad, Christmas in the Heart, un álbum personal y sorprendente que demuestra
que el de Minnesota también controla en materia de lo que se suele denominar
holiday music. Adentrémonos, pues, brevemente en diez álbumes navideños que no
deben faltar en sus estanterías, o en su iPod, iPad y demás aparatos cuyos
nombres empiezan con la letra i, o dondequiera que los lectores de este blog
escuchen música hoy en día.
Bing Crosby. The Voice of Christmas (MCA / Decca)
Como supongo que habrá quedado claro en los párrafos
precedentes, una Navidad sin Bing Crosby es tan impensable como Don Quijote sin
Sancho, Sherlock Holmes sin pipa y lupa o una tortilla española sin patatas. El
título de este doble compacto lo dice todo: Crosby es, sin duda, “la voz de la
Navidad”, y éste es el lugar en el que toda colección de música navideña debe
empezar. La recopilación incluye todos los villancicos que Bing grabó para
Decca entre las décadas de los años 30 y 50, y además de la grabación original
de “White Christmas”, nos presenta otros clásicos de su repertorio navideño,
como “I’ll Be Home for Christmas”, “Silent Night”, “Adeste Fideles” (cantado
tanto en inglés como en latín), “It’s Beginning to Look a Lot Like Christmas”,
“Santa Claus Is Comin’ to Town” o una versión de “Jingle Bells” a ritmo de
swing junto a las Andrews Sisters. Si no les falta el turrón en sus mesas con
el postre, no les debe faltar tampoco la cálida voz de Crosby en el tocadiscos.
Frank Sinatra. A Jolly Christmas from Frank Sinatra
(Capitol)
La Voz grabó también varios discos navideños, al menos uno
por década en los años 40, 50 y 60 y los críticos todavía discuten sobre cuál
de ellos es mejor. Para mí no cabe la menor duda de que es esta pequeña joya de
1957, que nos presenta a un Sinatra más maduro que en su álbum para Columbia de
los 40, arropado por los magníficos arreglos de Gordon Jenkins e interpretando
clásicos como “Jingle Bells”, “Have Yourself a Merry Little Christmas” (popularizada originalmente por la gran Judy Garland en el musical Cita en San Luis, una versión que es esencial y que nos hace desear que Judy hubiese grabado un disco navideño completo, algo que nunca llegó a hacer), “Adeste
Fideles” o “Silent Night”. No falta, claro está, el “White Christmas”, y además
el disco incluye dos temas menos conocidos: “The Christmas Waltz” y “Mistletoe
and Holly”, este último escrito por el propio Francis Albert.
Nat “King” Cole. The Christmas Song (Capitol)
En España se suele conocer a Nat “King” Cole
fundamentalmente por sus grabaciones de boleros, rancheras y otras canciones
latinoamericanas interpretadas con un inconfudible acento anglosajón y
probablemente de manera fonética. Es decir, que el rey Nat seguramente no tenía
ni idea de lo que estaba diciendo cuando cantaba aquello de “si Adelita se
fuera con otro”. Este desconocimiento es una pena, pues Cole fue un excelente
vocalista y pianista de jazz, pero hay quien dice que quizá es culpa suya por
abandonar el jazz y pasarse al pop más vendible. Pero como crooner Nat es
también excelente, y sus grabaciones navideñas se encuentran entre las mejores
jamás producidas, especialmente su versión de “The Christmas Song”, una
evocadora melodía del gran Mel Tormé que da título a este disco. En él se
encuentran también otros villancicos indispensables, como “O Little Town of
Bethlehem”, “Joy to the World” o “The First Noel”. Para demostrar que era
políglota (al menos fonéticamente, claro), Nat nos regala también un tema en alemán,
“O Tannenbaum”, aunque de nuevo dudo que se enterase mucho del significado de
la letra. Yo tampoco, la verdad, y además a mi voz le falta el terciopelo que
caracteriza a la suya, así que mejor me callo.
Elvis Presley. Elvis’ Christmas Album (RCA)
Dicen que a Irving Berlin le disgustaba profundamente la
versión de “White Christmas” que Elvis grabó en 1957, pero yo no me lo creo. Me
parece imposible que un hombre que entendía tanto de música y que fue tan
innovador en su tiempo como el amigo Irving fuese incapaz de reconocer algo
bueno cuando lo escuchaba. Lo que pasa es que seguramente no le gustaba el rock
y habría preferido que Presley fuese más fiel a la manera en que él escribió la
pieza. Pero, al menos en los años 50, la energía de Elvis era incontenible y
naturalmente aplica su estilo personal a la “Blanca Navidad”, así como a otros
temas típicos de la Navidad, en el primero de los dos discos navideños que
grabó. Ahí podemos escuchar baladas clásicas (“I’ll Be Home for Christmas”),
ritmos rockeros (“Santa Bring My Baby Back to Me”), algo de blues (“Santa Claus
Is Back in Town”) e incluso algo de gospel. Un disco verdaderamente completo y,
en mi opinión, bastante mejor que el segundo, que publicó en los años 70.
Ella Fitzgerald. Ella Wishes You a Swingin’ Christmas
(Verve)
Aunque hay quien la critica arguyendo que a veces canta sin
pasión y que le falta el dolor y la fuerza que desprende Billie Holiday, a mí
me parece que la de Ella es una de las mejores voces del siglo XX. Otra cosa es
que quizá haya grabado demasiado y que, como resultado, varios de sus discos
son un tanto flojos. Pero no es ése el caso del álbum de Navidad que registró
para Verve en 1960, acompañada por una orquesta dirigida por Frank DeVol que
incluía a notables jazzmen. Fitzgerald se divierte con los temas que lo
componen, dando un aire jazzístico a “Jingle Bells” y “Rudolph the Red-Nosed
Reindeer” pero dejando también espacio para maravillosas baladas como “What Are
You Doing New Year’s Eve?” (una de mis favoritas para la Navidad) y “Have
Yourself a Merry Little Christmas”. Tampoco la Fitzgerald se olvida de “White
Christmas” y, a modo de sorpresa, incluye también una versión de “Good Morning
Blues”, de Count Basie.
Charles Brown. Cool Christmas Blues (Bullseye)
Si lo que les gusta es el blues (y yo me pregunto: ¿a quién
no le gusta el blues al menos un poco?), Charles Brown representa la conjunción
perfecta entre este género musical y las fiestas que se nos acercan. A
principios de los años 60, Brown grabó un par de canciones (“Please Come Home
for Christmas” y “Merry Christmas Baby”) que obtuvieron un enorme éxito y que
son ya clásicos de la música navideña. En 1994 finalmente publicó este
magnífico disco, en el que se incluyen regrabaciones de ambos temas junto a
otros nueve en los que podemos escuchar la deuda vocal que este tejano tiene
con Nat “King” Cole. Brown posee una voz suave e irresistible y está acompañado
aquí por una excelente banda que no se corta a la hora de lanzarse a algún que
otro solo, lo cual convierte a este disco en la elección más adecuada para
ponerle un poco de blues a la Navidad, algo que nunca viene nada mal, por otra
parte.
Burl Ives. The Christmas Collection (MCA)
Cualquiera que haya visto la adaptación cinematográfica a
cargo de Elia Kazan de la obra de Tennessee Williams La gata sobre el tejado de
zinc sabe que Burl Ives, que interpreta el papel de Big Daddy, era un actor
excelente. Pero Ives era un hombre polifacético y dotado de una voz
extraordinaria y mucho antes de aparecer en esa película se dio a conocer como
cantante de folk. Su relación con la música navideña se inició cuando ejerció
de narrador de la versión animada de Rudolph, the Red-Nosed Reindeer, esa
popular y entrañable historia infantil sobre un reno cuya nariz roja lo
convertía en el blanco de las burlas de los demás renos de Papá Noel. Aparte de
su carga didáctica y moral, la película tiene una música de gran calidad,
especialmente el tema homónimo escrito por Johnny Marks que fue un número uno
para el cantante y también actor Gene Autry. Por supuesto, Ives lo canta
también en esta recopilación de sus mejores villancicos, entre ellos su
divertida interpretación de “The Twelve Days of Christmas”, “It Came Upon a
Midnight Clear” y la canción navideña con la que quedará siempre identificado:
“A Holly Jolly Christmas”. No se dejen influir por esa desafortunada portada,
pues Ives es un hombre que vale la pena descubrir.
Dean Martin. A Winter Romance (Capitol)
Uno de los ilustres miembros del Rat Pack (junto a Sinatra,
Sammy Davis Jr. y Peter Lawford, entre otros), Dean Martin creó a su alrededor
un verdadero personaje, entre borrachín (aunque en realidad no bebía
demasiado), viva la vida y guasón que encandiló a varias generaciones. Por
supuesto, también grabó colecciones de canciones de Navidad, pero éste es más
bien un disco conceptual cuyo elemento unificador es el invierno, y por ello
incluye también algunos temas navideños, como “Winter Wonderland”, la saga del
reno de la nariz roja Rudolph y—¿cómo no?—el “White Christmas” de Irving
Berlin. Además, encontramos aquí piezas en las que no faltan la nieve, el frío
y otros particulares de la estación invernal, como “Let It Snow! Let It Snow!
Let It Snow”, “I’ve Got My Love to Keep Me Warm” o la divertida “Baby, It’s
Cold Outside”, en la que Dino intenta convencer a la chica de turno de que se
quede a pasar la noche con él porque hace demasiado frío para que regrese a su
casa. Tres son los puntos álgidos del disco: el corte que le da título, “The
Things We Did Last Summer” y “Out in the Cold Again”, tres deliciosas baladas
perfectas para la voz relajada de Martin. Ah, y la portada no tiene
desperdicio; en ella, Dino abraza a regañadientes a quien parece ser su novia
mientras echa el ojo a otra chica que, a su vez, le sonríe de manera sugerente.
Genio y figura, desde luego.
Brenda Lee. Rockin’ Around the Christmas Tree: The Decca
Christmas Recordings (MCA / Decca)
Brenda Lee fue una niña prodigio con una voz de una potencia
arrolladora que tuvo su primer éxito con únicamente trece años, pero que,
afortunadamente, no se quedó ahí. A lo largo de su carrera ha demostrado ser
una artista versátil con una gran capacidad para adaptarse a los cambios en
modas y estilos. Como es lógico, también ella nos ha regalado magníficas
canciones navideñas, especialmente el clásico del rockabilly “Rockin’ around
the Christmas Tree”, su mayor contribución a este subgénero. La encontramos en
esta exhaustiva recopilación, que también incluye otras piezas interesantes,
como su versión del “Jingle Bell Rock” de Bobby Helms, “Blue Christmas” o “A
Marshmallow World”. Además del material esperable (“White Christmas”, “Silent
Night”, “Jingle Bells”), hay también algún tema gracioso, como “I’m Gonna Lasso
Santa Claus”, en el que nos cuenta que va a echarle el lazo (suponemos que
literalmente, como los vaqueros) a Papá Noel.
Perry Como. Complete RCA Christmas Collection (RCA / Real
Gone Music)
Y concluimos este extenso repaso por diez discos
imprescindibles de la música navideña con un hombre que, como Bing Crosby, es
sinónimo de Navidad, no sólo por los muchos discos que ha aportado a este
subgénero, sino también por los múltiples especiales televisivos que solía
presentar anualmente y que nunca dejaron de ser líderes de audiencia. Hay quien
critica a Perry Como por cantar siempre de la misma manera, sin un ápice de
emoción, pero en mi opinión, quienes dicen eso lo hacen porque no comprenden
que, a veces, es necesario que la música sea hermosa y punto. La voz de Como es
tan perfecta que parece que canta sin esforzarse, que entona sin casi usar las
cuerdas vocales, y la consecuencia directa es que nos da la sensación de que le
falta emoción. Pero a Como lo que le interesa es que la canción suene bien, y
eso lo consigue prácticamente siempre, y sus interpretaciones vocales rezuman
la misma confianza en sí mismo y la misma relajación que sus apariciones en la
pequeña pantalla. Y como ejemplo, este disco triple que reúne todas las
grabaciones navideñas que realizó para RCA entre los años 40 y 80, una
recopilación que nos revela la consistente calidad de sus discos navideños y
nos sorprende por la incomparable calidez de la voz de este artista tantas
veces infravalorado. ¿Pero cómo va a ser Como aburrido? Perdonen el lamentable
juego de palabras y escuchen este disco; después hablamos. Y si han conseguido
llegar hasta las líneas finales de este artículo inusitadamente largo, les
felicito por su paciencia y les deseo unas felices fiestas.
Como todos los años por estas fechas, Antonio ha escrito un poema de temática navideña que ofrecemos a continuación con nuestros mejores deseos tanto para estas fiestas como para el nuevo año que empezará en breve. El texto, que incluimos a continuación en su versión original gallega seguida de su traducción al castellano, ha sido publicado acompañando a una postal navideña de UNICEF que puede verse aquí abajo. Jugando un poco con el título del poema, Antonio desea a todos los lectores del blog que el 2011 les traiga un mar de amistad y afecto y que contagie a todos el gusto por la buena poesía.
Mar de xente / Mar de amores
… mar sen auga mar de amores mar que arrola mar con flores
mar afago mar tremente mar murmurio mar de xente
mar sen rochas mar sen verbas mar de sombras mar de apertas
mar-estrela mar-canción mar-azucre mar-turrón
mar sen ondas mar besbello mar sen barcos mar inquedo
mar que danza mar sen lodo mar que bica mar de todos
mar de cores mar lanzal mar persoas mar… Nadal!
ANTONIO GARCÍA TEIJEIRO
Mar de gente / Mar de amores
… mar sin agua mar de amores mar que arrulla mar con flores
mar caricia mar tembloroso mar murmullo mar de gente
mar sin rocas mar sin palabras mar de sombras mar de abrazos
mar-estrella mar-canción mar-azúcar mar-turrón
mar sin olas mar travieso mar sin barcos mar inquieto
mar que danza mar sin lodo mar que besa mar de todos
mar de colores mar hermoso mar personas mar… ¡Navidad!